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Hay una noticia que leí hace años y que se me quedó grabada como una astilla en el cerebro: en Fukushima, los robots que enviaban para explorar los reactores dañados morían antes de cumplir su misión. La radiación era tan alta que freía sus circuitos, y los pasillos de la central se estaban llenando de cadáveres de metal. No era una imagen de ciencia ficción. Era real. Y de esa imagen nació NODE: The Last Favor of the Antarii.
El estudio español Lapsus Games, con fundadores que vienen de Pixar e Illumination, tomó esa idea y la convirtió en un juego. No es un juego sobre héroes. Es un juego sobre un robot que probablemente va a morir, y sobre ti, que tienes que decidir si merece la pena que lo haga.
Llegó a Steam, PlayStation 5 y Xbox Series en agosto de 2025, y desde entonces ha ido creciendo. Ha ganado el Gran Premio en el Busan Indie Connect Festival, ha acumulado reseñas «Muy Positivas» en Steam, y hace apenas unas semanas recibió una actualización que cambia por completo cómo se juega. Pero vayamos por partes.
Un Robot, una Central y un Misterio Cósmico
La historia de NODE te sitúa en Toska, un complejo nuclear soviético abandonado donde la radiación y los secretos del pasado se mezclan con señales de otro mundo. Eres NODE, una inteligencia artificial autónoma con forma de robot pequeño y entrañable —diseñado así a propósito, para que te importe cuando muera—, y tu misión es evitar una catástrofe nuclear mientras desentrañas un misterio que podría decidir el destino de la humanidad.
El escenario es una instalación de la Guerra Fría, con esa mezcla de hormigón oxidado, tuberías que gotean y luces parpadeantes que tan bien funciona en el género. Pero no es solo un decorado. El juego combina hechos reales de la Guerra Fría con elementos de ciencia ficción y misterio, creando una ambientación que se siente familiar y fantástica al mismo tiempo.
La narrativa se cuenta de forma fragmentada, a través de diálogos ramificados que influyen en el desarrollo de la historia. Hablas con una supercomputadora rusa que controlaba la planta, y la relación entre NODE y esa entidad es uno de los hilos conductores más interesantes. Pero ojo: el juego no te lleva de la mano. Tiene múltiples finales, y tus decisiones, incluso las que parecen menores, moldean el rumbo de la historia. Eso significa que puedes terminar la partida sin haber desbloqueado ciertos arcos argumentales si no exploraste lo suficiente o si tomaste las decisiones equivocadas. Es un diseño que premia la curiosidad y castiga la prisa.
El Modo Original: Programar cada Salto en una Línea de Tiempo
Aquí es donde NODE se vuelve realmente especial. No controlas al robot directamente. Eres su programador. Planificas una secuencia de comandos en una línea de tiempo —adelante, atrás, saltar, frenar, usar, cambiar de carril, activar interruptores— y luego ejecutas la secuencia para ver qué pasa.
Suena sencillo, pero es diabólicamente complejo. Cada nivel te da un número limitado de comandos, y tienes que ingeniártelas para recorrer el escenario, esquivar radiación, activar plataformas, esquivar unidades de defensa y llegar al punto de control. Los puzzles integran elementos del entorno: ascensores que hay que activar con el comando «usar», compuertas que se abren en momentos concretos, mecanismos oxidados que requieren una sincronización milimétrica.
La gracia está en el ensayo y error. Pruebas una secuencia, ves dónde falla, ajustas los tiempos (a veces décimas de segundo marcan la diferencia), y vuelves a intentarlo. Hay un botón de avance rápido que es un salvavidas, porque algunas secuencias son largas y verlas una y otra vez a velocidad normal sería una tortura.
Es un sistema que recuerda a juegos como Baba Is You o The Talos Principle, donde la satisfacción no viene de la ejecución, sino de la planificación. Cuando consigues que una secuencia de diez comandos funcione a la perfección, la sensación es la de haber resuelto un acertijo complejo, no la de haber superado un nivel de plataformas.

El Modo Plataformas: Control Directo y Exploración Sin Fricción
Y entonces llegó la actualización 1.1, en mayo de 2026, y con ella un cambio estructural que duplica la personalidad del juego.
El nuevo modo plataformas te permite controlar a NODE directamente, en tiempo real. Saltas, corres, esquivas y exploras sin tener que programar nada. Es una experiencia mucho más tradicional, que desplaza el foco del juego: ya no se trata tanto de resolver puzzles de precisión, sino de sumergirte en la historia y en la exploración del entorno.
Los desarrolladores lo explican así: el modo original creaba una barrera mecánica para algunos jugadores que solo querían correr, saltar y reaccionar al mundo en tiempo real. Con este nuevo modo, no están reemplazando su visión original, sino expandiéndola. Ahora cada jugador puede elegir cómo quiere vivir la experiencia.
Me parece una decisión acertadísima. Y es una que cambia por completo el tono del juego. En el modo original, NODE es una herramienta, un conjunto de instrucciones que ejecutar. En el modo plataformas, NODE es un personaje. Ves sus animaciones, su forma de moverse, sus reacciones al entorno. La conexión emocional que los desarrolladores querían crear se vuelve más inmediata.
La actualización también trajo un nuevo sistema de guardado, con guardado automático y manual, y soporte para pantallas ultra-wide y wide. Pequeños detalles que redondean la experiencia.



Dos Juegos en Uno
Lo que hace especial a NODE es que, con esta actualización, se ha convertido en dos juegos en uno. Puedes jugarlo como un puzzle de programación meticuloso, donde cada movimiento es una decisión calculada y cada error te enseña algo nuevo. O puedes jugarlo como un plataformas narrativo, donde lo importante es el viaje, la atmósfera y la historia.
Y ambos modos funcionan. El original es para quienes disfrutan rompiéndose la cabeza con sistemas complejos. El nuevo es para quienes quieren una experiencia más fluida y centrada en la exploración. No hay uno mejor que el otro; hay dos formas distintas de acercarse a la misma historia.
Lo Que Me Llevo de NODE
NODE no es un juego para todo el mundo, pero a la vez sí, según cómo decidas empezar. El modo original puede ser frustrante si no tienes paciencia para el ensayo y error. La historia, contada de forma fragmentada, puede sentirse inconclusa si no exploras lo suficiente. Y el nuevo modo plataformas, aunque más accesible, pierde parte de la identidad que hacía único al juego, pero te permite explorar mucho más y desbloquear más de la historia fácilmente.
También es un juego con una personalidad fortísima. Viene de una idea real —robots muriendo por nosotros en Fukushima— y la convierte en una experiencia que te hace conectar con un personaje que, en teoría, no es más que un montón de chatarra. Los fundadores de Lapsus Games vienen de Pixar e Illumination, y se nota: saben cómo darle vida a algo que no la tiene.
Y ahora, con dos modos de juego, es también un juego que se adapta a ti. Puedes ser el programador meticuloso o el explorador curioso. Puedes sufrir con cada comando mal ajustado o dejarte llevar por la atmósfera. La elección es tuya.
NODE: The Last Favor of the Antarii está disponible en PC (Steam), PlayStation 5 y Xbox Series X/S. Si te gustan los puzzles que te hacen pensar, las atmósferas opresivas y los robots con cara de Wall-E condenados a una muerte segura, dale una oportunidad. Y si el modo original te resulta demasiado exigente, siempre puedes cambiar al modo plataformas y seguir disfrutando de la historia. O al revés. Total la rejugabilidad está asegurada si quieres desbloquear todo. Los robots de Fukushima no tuvieron esa suerte.



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