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Nunca pensé que llegaría el día en que escribir «el nuevo Bubsy me está gustando» sin que fuera una broma de mal gusto. Pero aquí estamos. Casi treinta años después de que Bubsy 3D se ganara a pulso un lugar en el salón de la infamia de los videojuegos, el gato naranja más insoportable del medio regresa en Bubsy 4D, y contra todo pronóstico, la experiencia no duele. Duele un poco, sí, pero no de la forma que esperaba.
Desarrollado por Fabraz y publicado por Atari, este juego aterrizó el 22 de mayo en prácticamente todo lo que respire: PC, PlayStation 4, PlayStation 5, Xbox One, Xbox Series X/S y las dos generaciones de Switch. Y aunque mi primer impulso al ver el tráiler fue soltar una carcajada incrédula, después de varias horas con el juego tengo que admitir que Fabraz —el estudio detrás de Slime-san y Demon Tides— sabía perfectamente lo que hacía al aceptar este proyecto.
El Movimiento: Todo el Peso del Mundo Sobre Cuatro Patas
Lo primero que notas al tomar el control de Bubsy es que se mueve. Y no me refiero a que camine de A a B, sino a que el gato tiene un repertorio de acrobacias que haría palidecer a más de una mascota plataformera de los 90. Puede saltar doble, planear con esa chaqueta ridícula que siempre lleva, agarrarse a las paredes con las garras y, la joya de la corona, convertirse en una bola de pelo que rueda, rebota y se lanza a velocidades absurdas. Es un set de movimientos que al principio se siente caótico —Bubsy rebota contra las paredes como una pelota de pinball descontrolada—, pero cuando empiezas a entender la física, cuando aprendes a encadenar un doble salto con una planeada y luego transformarte en bola para cruzar medio nivel de una sentada, la cosa cambia. De repente, el control se vuelve adictivo.
Eso sí, dominarlo lleva tiempo. Las primeras fases las pasé estampándome contra bordes, sobrepasando plataformas y maldiciendo al gato por su manía de rebotar en las paredes en lugar de agarrarse como un ser normal. Pero Fabraz tiene oficio en esto de los plataformas, y se nota. Cada nivel está diseñado para que, una vez que internalizas el ritmo del personaje, puedas volar a través de él sin tocar el suelo. Es un sistema que recompensa la repetición y la práctica, algo que agradecerán quienes disfruten exprimiendo los niveles al milímetro.
Lo Que Hay Dentro: Tres Mundos, Mucho Hilo y un Puñado de Horas
No voy a engañarte: Bubsy 4D es corto. Algunos jugadores han reportado terminarlo en una hora y media en línea recta; yo, yendo más tranquilo y recolectando lo que encontraba, le eché unas tres o cuatro. Hay tres mundos temáticos, cada uno con sus propios escenarios y un jefe final al estilo BaaBot —ovejas robots que son los nuevos enemigos de Bubsy, junto a los Woolies de siempre—. La duración puede parecer escasa para un juego de plataformas, pero el precio no es alto (cambiará según tu región, pero ya me entiendes), lo que lo sitúa en ese territorio de «plataformas económico» donde la relación calidad-precio no duele tanto.
Pero aquí viene el gancho: la rejugabilidad. Cada nivel tiene coleccionables escondidos —hilos de colores, planos que desbloquean movimientos adicionales, y una moneda especial para la tienda de skins. Y si eso no te motiva a repetir, el juego tiene un marcador de tiempos y un sistema de puntuación que está claramente diseñado pensando en los amantes del speedrun. Volver a un nivel sabiendo exactamente por dónde ir, encadenando los movimientos de forma óptima y ver cómo tu tiempo se reduce drásticamente… esa satisfacción es real. Y ahí es donde el juego extiende sus horas de vida más allá de lo que la campaña principal sugiere.

El «Arte» de Ser Feo a Propósito
Hablemos del elefante en la habitación: Bubsy 4D es horrible de ver. No de una forma accidental o por falta de presupuesto, sino deliberadamente horrible. Las texturas son de baja resolución, los modelos tienen esa estética poligonal tosca que recuerda a los primeros juegos de PlayStation, y las plataformas a veces parecen flotar en el vacío sin ningún sentido arquitectónico. Es un juego que, si lo juzgas por una captura de pantalla, parecería un asset flip de la época de la PS1.
Pero aquí está el truco: es un homenaje intencionado a Bubsy 3D, y como homenaje, funciona. Porque Bubsy nunca fue bonito. Bubsy nunca fue pulido. Bubsy fue ese intento fallido de competir con Mario y Sonic que fracasó estrepitosamente, y Bubsy 4D abraza ese fracaso con los brazos abiertos. No intenta ser un plataformas triple A con gráficos next-gen; intenta ser exactamente lo que un juego de Bubsy debería ser: feo, ruidoso y absurdamente consciente de su propia ridiculez. Al final de las primeras horas, esa estética deja de molestar y empieza a sentirse como parte del chiste.


Los Chistes: Humor de Tío Incómodo en Cantidades Industriales
El humor es otro punto que divide aguas. Bubsy rompe la cuarta pared constantemente, hace comentarios sobre ser un «personaje de videojuego olvidado», se burla de su propia historia y suelta referencias a otras franquicias con la sutileza de un martillo en la cara. Hay momentos que me sacaron una sonrisa genuina —en especial una skin que convierte a Bubsy en su versión infame de PlayStation original, con la animación de muerte igual de ridícula que en los 90—, pero también hay muchos chistes que se quedan a medio camino. El ritmo cómico es irregular, y a veces el gato insiste tanto en ser gracioso que termina resultando cansino.
La Cámara: El Verdadero Enemigo
Si hay algo que me sacó de quicio repetidamente, fue la cámara. En ciertos momentos —especialmente cuando Bubsy se pega a una pared o realiza una maniobra en un espacio reducido—, la perspectiva se vuelve errática, desorienta y, en el peor de los casos, oculta plataformas clave. No es un problema que arruine la experiencia, pero sí uno lo suficientemente frecuente como para que lo recuerdes con fastidio cuando estás a punto de completar un salto perfecto y la cámara decide que lo mejor es mostrarte un primer plano de la textura de una roca. Plataformas 3D de los 90 vibes.


Mi Verdad: ¿Merece la Pena?
Con todo, Bubsy 4D es el mejor juego de la saga con diferencia. El listón estaba en el suelo, literalmente, pero Fabraz no solo lo ha superado, sino que ha construido un plataformas sólido por derecho propio. Sí, es corto. Sí, la cámara falla. Sí, el humor puede ser agotador. Pero debajo de todo eso hay un juego que entiende lo que hace, que abraza lo ridículo de su propia existencia y que, cuando todo encaja, ofrece una sensación de fluidez y control que rivaliza con los mejores exponentes del género indie.
No me arrepiento de haberle dado una oportunidad. Y quién sabe: quizá dentro de otros treinta años, cuando saquen Bubsy 5D, pueda decir sin ironía que esperaba con ganas el regreso del gato naranja. Cosas más extrañas han pasado en los videojuegos.
Bubsy 4D está disponible en PC, PlayStation, Xbox y Nintendo Switch. Si alguna vez sentiste curiosidad mórbida por el fenómeno Bubsy, este es el momento de saciarla. Solo ten paciencia con la cámara.
«What could possibly go wrong?» — Bubsy, segundos antes de que todo salga mal.






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