Poster de la película Obsession (2026)

[HorrorScience] Obsession: convirtiendo el clásico «ten cuidado con lo que deseas» en una pesadilla

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Tiempo de lectura: 10 minutos
Portada de la película Obsession (2026)
Fecha de lanzamiento
14/05/2026
Dirección
Curry Barker
Guion
Curry Baker
Reparto
Michael Johnston, Cooper Tomlinson, Inde Navarrette, Megan Lawless

Cada tanto aparece una película de terror que nace prácticamente de la nada, sin el respaldo de una franquicia conocida ni un director consagrado detrás, y termina convirtiéndose en el fenómeno de la temporada. Pasó con Backrooms este año y también con Obsession. Filmada con un presupuesto que ronda el millón de dólares por un chico de 26 años que hasta hace poco subía sketches a YouTube (nuevamente, como con Backrooms), terminó recaudando varios cientos de millones en todo el mundo y generando el tipo de conversación que muy pocas películas de terror logran hoy en día.

Un debutante que viene de YouTube

Curry Barker no es un nombre que suene demasiado en los círculos tradicionales de Hollywood, y ese es justamente parte del atractivo de su historia. Antes de Obsession, se había hecho conocido en internet junto a Cooper Tomlinson con el dúo de comedia That’s a Bad Idea, y luego con Milk & Serial, un falso documental de terror rodado con apenas 800 dólares que subió directamente a YouTube tras no conseguir distribución. Esa película se volvió viral y le consiguió representación, lo que a su vez derivó en una propuesta para adaptar otro de sus cortos, The Chair, a un largometraje. Barker, sin embargo, prefirió proponer una idea distinta que ya tenía en mente: Obsession, parcialmente inspirada en un episodio de la saga «Treehouse of Horror» de Los Simpson en el que la familia se topa con una mano de mono que concede deseos, la misma premisa que originalmente popularizó el cuento La pata de mono de W. W. Jacobs.

Lo llamativo es que la película nunca esconde ese origen digital. Hay algo del espíritu del sketch incómodo de internet metido en su ADN: escenas construidas casi como pequeños experimentos de ansiedad social, personajes que sonríen demasiado tiempo o hablan demasiado cerca, como si ciertos gestos hubieran perdido su significado natural a fuerza de repetirse en pantalla. Barker toma esa sensibilidad, tan propia de una generación que se formó filmando con el celular, y la traslada a una historia de terror con una precisión que sorprende en un debut real en salas de cine.

Un amor postergado durante demasiado tiempo

La historia arranca mostrando a Baron «Bear» Bailey (Michael Johnston), empleado de una tienda de instrumentos musicales, ensayando con su mejor amigo Ian (Cooper Tomlinson) cómo finalmente va a confesarle a Nikki Freeman (Inde Navarrette) que está enamorado de ella. Bear y Nikki se conocen desde la secundaria, trabajan juntos en la misma tienda junto a otra amiga en común, Sarah (Megan Lawless), hija del dueño del local, y forman parte de un grupo de cuatro que se reúne cada semana para la noche de trivia en un bar del barrio. Ian, que en el fondo quiere proteger la dinámica del grupo, le pide a Bear que no arruine la noche de trivia confesándose ahí mismo, y le sugiere esperar a un momento mejor.

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Ese «mejor momento» nunca llega, claro. Entre las constantes interrupciones de la trivia y los nervios de Bear, la confesión no sale, e Ian y Sarah terminan yéndose juntos a cantar karaoke después, dejando a Bear la oportunidad de llevar a Nikki de regreso a su casa en el auto. Ese viaje es de una intimidad genuina: hablan de todo un poco, Nikki incluso le pregunta directamente si le gusta alguien, dándole a Bear la oportunidad perfecta para decir la verdad. Pero él, otra vez, no puede. Recién cuando Nikki ya bajó del auto y entró a su casa, Bear recuerda que le había comprado un regalo de cumpleaños atrasado: un curioso objeto llamado «One Wish Willow», una rama decorativa que promete conceder un deseo a quien la parta al medio. Antes de dárselo, sin pensarlo demasiado, la rompe él mismo y pide, casi como un chiste desesperado, que Nikki lo ame más que a nadie en el mundo entero. Segundos después, ella vuelve a aparecer junto al auto, invitándolo a pasar.

Cuando el deseo empieza a mostrar su costado oscuro

Al principio, todo parece un sueño hecho realidad. Nikki y Bear empiezan una relación de la noche a la mañana, y ella se muestra atenta, cariñosa, entregada por completo. Pero esa entrega tiene algo que incomoda desde el primer momento: hay una intensidad excesiva en cada gesto, una necesidad constante de estar cerca de él, momentos en los que Nikki parece interrumpirse a sí misma, como si algo debajo de esa fachada amorosa estuviera gritando por salir. Sarah, la amiga en común, no tarda en notar que la relación tiene un aire extraño, casi artificial, y empieza a hacer preguntas incómodas sobre qué fue lo que cambió tan de golpe entre ellos dos.

La película dosifica muy bien el momento en el que la máscara empieza a resquebrajarse del todo. Hay una escena particularmente perturbadora en la que Bear descubre, a través de una nota, que la comida que Nikki le preparó para el almuerzo contenía a su propio gato, que había fallecido unos días antes. Es el primer indicio realmente innegable de que algo se rompió en Nikki, o de que algo ajeno a ella tomó el control de sus actos. Ian, mientras tanto, empieza a sospechar que la situación no es sana ni para Nikki ni para su amigo, y le hace notar a Bear lo extraño que resulta que una relación tan reciente ya luzca tan desequilibrada; incluso le sugiere que asista solo a una fiesta que está organizando, como una manera de comprobar cómo reacciona Nikki al separarse de él aunque sea por una noche.

Es en el tramo de esa fiesta donde la película muestra por primera vez, sin ningún tipo de ambigüedad, hasta dónde es capaz de llegar esta versión de Nikki. En una escena que se volvió una de las más comentadas del estreno, Nikki llega a gritar «¡no soy yo!» mientras se golpea repetidamente el rostro, como si la persona real que hay debajo del hechizo estuviera intentando desesperadamente recuperar el control de su propio cuerpo. Poco después, Sarah, que había empezado a acercarse cada vez más a Bear y que guardaba sentimientos propios hacia él, termina siendo vista por Nikki como una amenaza directa para su vínculo. Lo que sigue es una de las escenas más crudas de la película, filmada con una violencia repentina que contrasta brutalmente con el tono cotidiano que la precedía, y que deja a Bear obligado a ayudar a ocultar lo sucedido si quiere mantener algo de control sobre la situación.

Desesperado, Bear vuelve a la tienda esotérica donde compró el objeto original, buscando alguna manera de revertir lo que desató. Ahí, un empleado distinto llamado Harry le explica una regla clave del funcionamiento del One Wish Willow: cada persona solo puede usarlo una vez, así que si Bear quiere deshacer su propio deseo, necesita convencer a otra persona de romper una nueva rama y pedir exactamente eso en su nombre. Esa revelación cambia por completo el rumbo de la historia, porque de golpe Bear ya no solo tiene que lidiar con las consecuencias de lo que hizo, sino encontrar a alguien dispuesto a arriesgarse con un objeto que ya demostró ser mucho más peligroso de lo que cualquiera hubiera imaginado. A partir de ahí, la tensión entre el amor fabricado de Nikki, la culpa creciente de Bear y la posibilidad cada vez más real de que las cosas terminen mucho peor, empieza a acelerarse hacia un tramo final que preferimos no adelantar acá.

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Terror con sentido del humor, y con algo más para decir

Una de las cosas que me gustaron de Obsession es lo bien que equilibra el humor y el horror sin que uno le reste fuerza al otro. Hay escenas graciosas, como cierta atención al cliente absurdamente incompetente en un momento en el que ya hay vidas en juego, que conviven sin fricciones con tramos de una tensión y una violencia bastante crudas. Ese tono contenido, que nunca se va del todo hacia la comedia ni hacia el gore gratuito, es probablemente el mayor logro de Barker como director debutante, y algo bastante difícil de sostener durante una hora cincuenta de película.

También me pareció muy inteligente la lectura de fondo que propone la historia sobre las dinámicas tóxicas en las relaciones. Bajo la excusa de una premisa fantástica tomada de los clásicos cuentos de «ten cuidado con lo que deseás», Obsession termina hablando de algo bastante más terrenal: el control, la idealización del otro y la incomodidad de descubrir que el amor que uno soñó puede convertirse en una jaula tanto para quien lo recibe como para quien lo pidió. Inde Navarrette, en el papel de Nikki, sostiene ese arco de transformación con una versatilidad enorme, pasando de la timidez cotidiana a algo genuinamente perturbador sin perder nunca el costado humano y trágico del personaje, algo que la crítica en general destacó como el gran hallazgo actoral de la película.

Si tengo que ponerle un pero, es que el mecanismo mágico del deseo podría estar mejor explicado en algunos tramos, y hay una escena de violencia bastante prolongada que se siente más caricaturesca que realmente perturbadora. Pero eso no le quita mérito a lo que Obsession logra en conjunto: una de las propuestas de terror más frescas y comentadas de este año, sobre todo considerando lo modesto de su presupuesto frente a lo ambicioso de su ejecución.

Curiosidades

  • La idea original para la película surgió de una reunión con amigos en la que Curry Barker terminó viendo un episodio de una comedia televisiva que le disparó la premisa central del guion.
  • El objeto mágico de la película, el «One Wish Willow», se inspiró en un bolígrafo de broma con el que Barker solía jugar de chico; el equipo de arte llegó a desarmar uno real e incorporar parte de su mecanismo al accesorio final.
  • La película se rodó en apenas veinte días, con un presupuesto inferior al millón de dólares, y aun así Focus Features pagó más de 15 millones por sus derechos de distribución tras una intensa puja con otros estudios.
  • Varias escenas se rodaron literalmente al revés, con los actores actuando movimientos invertidos que luego se revirtieron en montaje para lograr una gestualidad antinatural en el personaje de Nikki.
  • Para lograr el aspecto inquietante de Nikki en sus momentos más extremos, el equipo de maquillaje evitó deliberadamente un estilo demasiado demoníaco, buscando que siguiera pareciendo humana pero «no del todo».
  • Curiosamente, Inde Navarrette, la actriz que protagoniza esta historia de terror, ha reconocido públicamente que no es demasiado fanática del género y que ni siquiera pudo terminar de ver otra película de terror reciente en el cine.

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