Poster de Hokum

[HorrorScience] Hokum: Cuando un escritor amargado se encuentra con una bruja irlandesa

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Tiempo de lectura: 12 minutos
Portada de Hokum
Fecha de lanzamiento
01/05/2026
Director
Damian McCarthy
Guion
Damian McCarthy
Reparto
Adam Scott, Peter Coonan, Brendan Conroy, David Wilmot, Florence Ordesh, Will O'Connell

Hokum arranca presentándonos a Ohm Bauman (Adam Scott), un novelista de éxito que, sin embargo, está más amargado que un café quemado y sin azúcar. El hombre está atascado con el final de su exitosa trilogía de Conquistadores, una obra que parece tan oscura como su propia personalidad. No es que esté pasando por un simple bloqueo creativo: el fantasma de su madre se le aparece en casa, una visión que lo inquieta lo suficiente como para decidir escapar a Irlanda. Su plan: visitar el Hotel Bilberry Woods, el remoto establecimiento rural donde sus padres pasaron su luna de miel, y esparcir sus cenizas allí. El duelo, el trauma y la necesidad de cerrar heridas son el combustible de este viaje, pero Ohm no es un héroe trágico y sensible. Es un tipo arrogante, seco y profundamente desagradable.

Desde el momento en que llega a la recepción del hotel, su actitud es un muro infranqueable. El dueño, Cob (Brendan Conroy), está allí contándoles una leyenda de miedo a dos niños huéspedes: la historia de Cailleach, una bruja que acechaba la región siglos atrás y que fue encerrada para siempre en la suite nupcial del hotel. La habitación, según la historia, permanece tapiada y prohibida. Ohm escucha la historia sin demasiado interés, pero algo de esa leyenda se le queda grabado, quizá porque él mismo es escritor de terror y no puede evitar que ciertas imágenes le ronden la cabeza.

El personal del hotel incluye a Mal (Peter Coonan), el yerno de Cob, que se encarga de la recepción; Alby (Will O’Connell), el botones; y Fiona (Florence Ordesh), la camarera del bar. A todos los trata con la misma distancia cortante, como si estuviera haciendo un esfuerzo sobrehumano por no mandarlos a la mierda.

La única persona con la que conecta mínimamente es Jerry (David Wilmot), un tipo peculiar que vive en una furgoneta en el bosque y pasa el día bebiendo batidos de leche con setas alucinógenas. En uno de sus paseos para esparcir las cenizas de sus padres, Ohm coincide con Jerry, y entre los dos surge una amistad tan inesperada como extraña. Jerry, que se mueve en otra frecuencia, se convierte en una especie de guía espiritual lisérgico y en la única persona que parece caerle bien al cascarrabias de Ohm.

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La noche que todo cambia: el intento de suicidio y la desaparición de Fiona

Esa primera noche, después de la cena, Ohm termina en el bar. Fiona lo atiende. No es una conversación especialmente larga ni profunda, pero hay algo en ella que lo hace abrirse un poco y hablar algo sobre su madre y su padre. Quizás también sea el efecto del alcohol, ya que claramente Ohm busca emborracharse. En el medio aparece también Alby, el botones, fan suyo y deseoso de convertirse en escritor también, pero, como ya vemos desde el principio, Ohm es bastante asqueroso en su trato a los demás y Alby se lleva la peor parte.

Pero esa misma noche, algo en Ohm se rompe definitivamente. Solo en su habitación, en mitad de la oscuridad, decide que ya no puede más. Se ata una sábana al cuello, la sujeta a una viga del techo y se deja caer. No le da tiempo a morir porque Fiona, al no quedar nadie más en el bar, decide ir a la habitación de Ohm a llevarle unas cosas que éste se olvidó en la barra. Como llama varias veces a la puerta y nadie contesta, le pide a Alby, que estaba rondando por los pasillos, que abra la puerta con sus llaves, ya que tiene un mal presentimiento. Lo encuentra colgando, grita y junto con Alby lo descuelgan. Ohm está vivo, pero hecho polvo.

El escritor termina ingresado en un hospital cercano. Allí pasa unos días recuperándose, probablemente con más preguntas que respuestas sobre por qué sigue vivo. Cuando finalmente le dan el alta y regresa al Hotel Bilberry Woods, algo ha cambiado. Están cerrando por la temporada. El ambiente es más tenso. Dos policías salen de recepción luego de haber hablado con Mal. Y entonces, Ohm se entera de la noticia: Fiona ha desaparecido. Nadie sabe nada de ella desde la noche posterior al intento de suicidio de Ohm. El personal, en un ejercicio de deducción poco sutil, señala a Jerry como principal sospechoso. Pero Ohm no se lo cree. Su amigo el ermitaño, por raro que sea, no es un asesino. Algo más oscuro está pasando.

Hokum

La investigación, la bruja y el secreto del sótano

A partir de ahí, Hokum se convierte en una investigación a medio camino entre el thriller psicológico y el terror sobrenatural. Ohm, sintiéndose en deuda con Fiona (después de todo, ella le salvó la vida), decide averiguar qué le ocurrió. Su única pista es la famosa suite nupcial. Porque desde que desapareció Fiona, hay algo que no encaja: nadie quiere hablar de esa habitación, nadie se acerca a la puerta tapiada, y sin embargo, Ohm está convencido de que allí dentro se esconde la respuesta.

Con la ayuda de Jerry, que parece tener una relación especial con el bosque y sus secretos, Ohm consigue colarse en la suite nupcial. Lo que encuentra dentro no es un altar satánico, sino algo más inquietante: un montacargas oxidado que desciende a los sótanos del hotel. Y en los sótanos, en la penumbra, la bruja espera. La Cailleach no es una anciana decrépita ni una mujer hermosa; es una presencia física, con rostro desencajado, pero que tampoco actúa como un monstruo sediento de sangre. La bruja observa. Juzga. Y, cuando llega el momento, actúa.

La investigación de Ohm lo lleva a descubrir la verdad sobre Fiona: no se la llevó la bruja. La mató Mal, el recepcionista. Fiona estaba embarazada de él, fruto de una aventura que Mal no podía permitir que saliera a la luz. La drogó, la metió en el montacargas, y la abandonó en el sótano, sabiendo que no hay forma de hacer que el montacargas vuelva a subir si ya estás abajo. Fiona se quedó a oscuras, sin comida ni bebida, y con una presencia que acecha en el sótano. La presencia de la bruja.

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Lo que la bruja le enseña a Ohm (y lo que él necesitaba oír)

Pero la bruja también se enfrenta a Ohm. Y aquí es donde la película da un giro emocional inesperado. La Cailleach sabe que Ohm mató a su madre cuando era niño, jugando con la pistola de su padre. Ese accidente lo ha perseguido durante décadas, convirtiéndolo en la persona amargada y autodestructiva que es. La bruja podría llevárselo también, podría condenarlo al mismo abismo que a Mal. Pero no lo hace. Ohm se enfrenta a su culpa, la acepta, pide perdón (aunque su madre ya no esté para oírlo) y, por primera vez en su vida, se permite sentir algo que no sea rabia o autodesprecio. La bruja lo deja ir.

El final es inesperadamente esperanzador para una película de Damian McCarthy (recordemos los finales sombríos de Caveat y Oddity). Ohm vuelve a casa, escribe el final de su novela, y parece haber encontrado una paz que llevaba años buscando. No es un final feliz al uso, pero es un final que te deja con una sensación agridulce y, sobre todo, con la certeza de que incluso los más rotos pueden tener una segunda oportunidad.

Terror, folklore y una pregunta que te persigue

Lo que más valoro de Hokum es cómo McCarthy integra el folklore irlandés real sin caer en el folclorismo barato. La Cailleach es una figura auténtica de la mitología celta, la «vieja» que gobierna el invierno, que golpea el suelo con su martillo para congelar la tierra y que es venerada como una diosa de la muerte y la fertilidad. En la película, la bruja no es ni buena ni mala: es una fuerza de la naturaleza que aplica justicia según sus propias reglas. Si eres culpable, te lleva. Si eres capaz de reconocer tu culpa y arrepentirte, te deja vivir. Esa ambigüedad me parece un acierto.

Adam Scott borda el papel de Ohm. Es difícil hacer que un personaje tan antipático te importe, y él lo consigue. Su transformación de amargado insufrible a hombre quebrado que busca redimirse está bien medida. Los secundarios cumplen, especialmente David Wilmot como Jerry, que aporta el contrapunto cómico sin desentonar.

Técnicamente, la película es impecable. La fotografía convierte los paisajes irlandeses en un personaje más, con esos verdes oscuros y cielos plomizos que parecen estar a punto de descargar una tormenta en cualquier momento. La banda sonora de Joseph Bishara (el compositor habitual de James Wan en Expediente Warren e Insidious) juega con frecuencias bajas y susurros procesados que generan una inquietud constante. Y el montacargas, ese ascensor oxidado que conecta la suite nupcial con los sótanos, es uno de esos espacios que se te quedan grabados en la memoria.

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Y entonces llega la duda: ¿fue real o fueron las setas?

Hay un detalle que me encanta de Hokum y que la convierte en una película para ver dos veces: la posibilidad de que todo lo sobrenatural sea una alucinación colectiva provocada por las setas. Porque Jerry, el ermitaño, bebe un batido con sus hongos mágicos. Y Alby, el botones al que Ohm quema la mano con una cuchara caliente en un ataque de ira, le añade setas a su whisky por venganza. Así que todo lo que Ohm experimenta —la bruja, la suite nupcial, el montacargas, las visiones de su madre— podría ser fruto de una intoxicación psicodélica masiva. O no. La película no te da una respuesta clara, y esa ambigüedad es lo que la hace más interesante.

¿Que si recomiendo Hokum? Sí, sin dudarlo. No es una película para todos los públicos: su ritmo es pausado, su protagonista es insoportable durante buena parte del metraje y el giro final hacia el drama emocional puede decepcionar a quienes busquen solo sustos. Pero si te gusta el terror que te incomoda más que sobresaltarte y que tiene una capa de folklore real bien integrada, Hokum te va a gustar.

Seis curiosidades sobre Hokum que probablemente no sabías

  • El final era mucho más cruel: Damian McCarthy confesó que el guion original terminaba con Ohm atrapado para siempre en el sótano del hotel, condenado a repetir el ciclo de culpa eternamente. Lo cambió durante el montaje porque le pareció demasiado punitivo y porque quería que la gente tuviera motivos para volver a ver la película.
  • El montacargas casi acaba con la carrera de Adam Scott: Para rodar las escenas del ascensor oxidado, el equipo construyó una réplica a escala real que podía inclinarse peligrosamente. Adam Scott pasó horas allí dentro y, según confesó en una entrevista, juró que nunca volvería a meterse en un ascensor pequeño después del rodaje.
  • La Cailleach está basada en una diosa celta real: McCarthy investigó a fondo el folklore irlandés. La Cailleach (literalmente «la vieja») es una figura de la mitología gaélica que controla el invierno y el clima. Se dice que golpea el suelo con su martillo para congelar la tierra y que cada año renace en Samhain (el origen celta de Halloween).
  • El hotel donde se rodó tiene fama de estar embrujado: La producción utilizó un hotel abandonado en el condado de Mayo, al oeste de Irlanda. El equipo de sonido aseguró haber captado pasos y susurros durante las tomas nocturnas, aunque McCarthy prefiere no confirmar ni desmentir si fue real o efecto del cansancio.
  • Cameo oculto de Oddity: McCarthy escondió un pequeño guiño a su película anterior, Oddity (2024), en alguna parte del hotel. Según el director, es tan sutil que ni los fans más obsesivos lo han detectado a la primera. No reveló dónde está, pero invita a los espectadores a convertirlo en una especie de «búsqueda del tesoro».
  • El significado del título: Hokum es una palabra del argot anglosajón que significa «patraña», «tontería» o «disparate». McCarthy la eligió para reflejar el escepticismo inicial de Ohm hacia la leyenda de la bruja, y también como un guiño irónico a las propias películas de terror, que a menudo son consideradas «hokum» por la crítica más snob.

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