[Incontro…] Il giornalista del Tribulete

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Tempo di lettura: 9 minuti
Nome
Tribulo
Altri alias utilizzati
Tribù
Prima apparizione
Pollicettino (1947)
Creatore
Guillermo Cifre

Negli ultimi tempi è diventato piuttosto famoso il termine “società dell'informazione”, dove le notizie circolano una dopo l'altra a una velocità vertiginosa, più dei beni materiali stessi. Nel calore della massificazione e del miglioramento dei media, legioni di giornalisti scrivono come se possedessero tutta una miriade di notizie per competere in un mercato delle notizie sempre più affollato. Per fare questo, fanno appello anche ai sentimenti più primari e viscerali per conquistare un pubblico ad ogni costo. Questo è il cosiddetto sensazionalismo, tanto in voga oggi.

È in questo contesto che compaiono personaggi della statura di Jonah Jameson, redattore di giornale Tromba quotidiana nella serie Spider-man o Il giornalista del Tribule, l'umile giornalista di L'indomabile Chafardero creato da Guillermo Cifre, di cui parlerò subito.

Da Cifré ad autori vari

La serie Il giornalista Tribulete, coinvolto ovunque ha mosso i primi passi poco dopo aver iniziato la quinta tappa della rivista Pulgarcito, nel 1947. Il Tribulete di questi primi fumetti è un personaggio allampanato e allampanato, testa stretta e allungata ricorda una lampadina o un globo, a naso sottile e all'insùocchi piccoli ridotto a due punti discreti e con la sua ormai caratteristica frangia all'insù. Da notare che, per un personaggio dei fumetti, aveva un guardaroba relativamente vario, poiché, a parte il solito papillon, appena poteva presentarsi con giacca, gilet o direttamente sulle maniche della camicia. In questo periodo è normale che indossi un cappello e, di tanto in tanto, con una matita sull'orecchio. Tuttavia il suo aspetto a quel tempo era piuttosto generico, corrispondente allo stile del Cifré dell'epoca. In effetti, basta dare una rapida occhiata agli altri suoi fumetti per vedere che ha una certa somiglianza con gli altri personaggi, soprattutto con Polín, la cui corporatura e i lineamenti sono praticamente identici, fatta eccezione per l'assenza della frangia, della bombetta e della sardina che porta sull'orecchio al posto della matita.

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Tribulete (a sinistra) e Polín (a destra).

Il passare dei fumetti e degli anni ha forgiato la personalità della serie, sia a livello di trama che a livello estetico. Per quanto riguarda il protagonista, ha vissuto un progressivo appiattimento e allargamento della testa, mentre i suoi occhi acquistavano dimensione ed espressività e il suo naso acquistava spessore. Allo stesso tempo, i suoi capelli hanno raggiunto l'apice dello schematismo, con a frangia ridotta a tre capelli sempre più eretti e il suo cappello gradualmente scomparve.La sua costituzione fisica si è ridotta. Per quanto riguarda l'abbigliamento, ha adottato la classica giacca nera e la cravatta. Pertanto, nel 1952 aveva già raggiunto la sua maturità grafica, sviluppandosi con alcune modifiche nei successivi dieci anni.

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Il prematuro morte di Cifré nel 1962, appena quarantenne, troncò ogni successiva evoluzione originaria. Per continuare con la serie, l'editore si è avvalso dei servizi di vari fumettisti, tra i quali spiccano Enrich (cognato dell'autore) per il resto del decennio e l'inizio del successivo, e più tardi, Bancells e Ayné, così come molti altri la cui traccia è quasi impossibile da seguire a causa dell'assenza di una firma sui fumetti (una costante dalla morte dell'autore). IL piccola variazione nella grafica della serie in questo periodo è da attribuire sia alla già citata maturità della serie, sia al desiderio di imitare lo stile di Cifré, dedotto dalle richieste dell'editore di omettere la firma dell'artista, quindi gli autori “ombra” non avrebbero avuto la libertà creativa che, ad esempio, ebbe Schmidt La signora Urraca.

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La fase post-Cifré ha subito pochi cambiamenti nella grafica e alcune trame (come questa) erano una copia carbone dell'originale.

Un giornalista mediocre, povero e maltrattato

Tribulete è un giornalista relativamente giovane (la sua fidanzata Rosita una volta parlò di fargli un regalo per il suo trentasettesimo compleanno) che lavora per il giornale. L'indomabile Chafardero. Atenazado por sus problemas económicos frutos de un salario paupérrimo y por la necesidad de cumplir con su cupo de noticias, se lanza a la búsqueda de cualquier hecho noticioso sin demasiada suerte. Los percances y equívocos se interpondrán en su camino constantemente, siendo bastante recurrente que confunda a alguien con un criminal y, tras tomarse mucho esfuerzo en darle caza, descubra que es alguien enfrascado en un asunto totalmente diferente.

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Sus estrecheces son constantes. Aquí incluso se compara conCarpanta.

Si la noticia no llega, no dudará en provocarlas o incluso inventarlas en parte o en su totalidad, si bien será indefectiblemente descubierto. Desgraciadamente para él, incluso cuando llega a tiempo para la entrega, sus habilidades en este campo son tan poco brillantes que, lejos de verse recompensado, conllevarán un castigo. Es más, hay quien dice de él que es el peor redactor del rotativo. Tanto es así, que suele ser el chivo espiratorio cuando las ventas caen, e incluso sufrirá represalias por parte de los lectores, quienes celebrarán (o provocarán) cualquier desgracia que le imposibilite seguir escribiendo. El director hasta llega a insinuar que sería mejor que le fichara la competencia (encarnada por El Berrido Urbano y otros medios de nombres igualmente estrambóticos) para así hundirla.

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Tribulete, el redactor más odiado de «El Chafardero».

En efecto, conforme la serie fue consolidando su estilo, el antagonismo jefe-empleado se fue erigiendo como la nota dominante. Esto se debe a que, si bien en un principio el director de El Chafardero carecía de un aspecto definido (puesto que éste variaba en cada historieta), al cabo de los años adquirió un aspecto robusto e imponente (algo que no tardará en moderarse, aunque a pesar de todo siempre será más corpulento que el propio Tribu). Aunque es algo habitual en este tipo de tebeos, aquí es aún más exagerado, pues apenas existen rastros del paternalismo y el afecto relativo y circunstancial que sí muestran otros. No; en este caso nos encontramos ante un director explotador, tiránico e inmisericorde que considera a Tribulete como una molestia de la que no puede desembarazarse y que, como compensación, se empeña en martirizar. En todo momento emplea con él un tono despectivo e insultante (le suele llamar “pigmeo”, entre otras lindezas), y en caso de no cumplir o fallar en las tareas que le encomienda (algo que ocurre casi siempre) no dudará en propinarle un puntapié o incluso una brutal paliza. Si alguna vez parece mostrarse amable con el desdichado periodista es porque lo considera un medio para aprovecharse vilmente de él.

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Por mucho que se esfuerce en encontrar material, su «premio» suele ser este.

Lo cierto es que su personalidad tampoco ayuda demasiado. Su carácter ingenuo e inocentón le convierte en el blanco perfecto para los abusos y estafas de todo tipo. De ello no sólo se aprovecha su jefe, sino compañeros de trabajo, amigos y completos desconocidos. A pesar de ese rasgo de su carácter, sumado a otros como su pereza y su cobardía, en ocasiones ofrece muestras de picaresca, arrojo y audacia, muy especialmente cuando su empleo o su subsistencia más directa está en juego. En cualquier caso, nunca conseguirá nada de lo que se proponga. El fracaso es una constante en todas las facetas de su vida, ya sea profesional o personal, incluyendo su tormentosa vida sentimental.

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Como ingenuo incorregible que es, acaba enredado en infinidad de engaños.

Conclusione e raccomandazioni

El repórter tribulete es la parodia del periodista obsesionado con dar caza a la noticia más sensacionalista que pueda encontrar. Su naturaleza torpe e ingenua le llevará a fracasar estrepitosamente en ello y, en general, a todo lo que se proponga, lo que le granjeará brutales palizas por parte del director del periódico. Su escaso talento periodístico y sus estrecheces económicas son otros de sus rasgos característicos.

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Tribulete ficha por el Daily Bugle, por Olga Cruz.

Como muchas de las series nacidas a finales de los años 40 y principios de los 50, pudo beneficiarse de las recopilaciones que impulsó la editorial Bruguera dentro de las colecciones Magos del lápiz (dos sin numerar y #27) y Magos de la risa (#13 y 26), contemporáneos a esas publicaciones.

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Desde entonces, no volvieron a aparecer nuevos recopilatorios hasta que, durante los últimos estertores de la editorial, ésta lanzara uno para Genios de la historieta (1985, #3), que incluía una selección de páginas desde el año de su debut hasta 1956, quizás pensando en un futuro segundo volumen que, por culpa de su tardía decisión, nunca llegó. Aparte de eso, únicamente nos queda el ejemplar de Clásicos del Humor de RBA. Es una edición totalmente descompensada, pues se centra especialmente en los últimos años de la etapa de Cifré, descuidando el primer tramo de la serie y omitiendo la era post-Cifré, pero es de lo poco que podemos encontrar sin tirar la casa por la ventana.

También podemos ver a Tribulete en movimiento en “Agencia de Información”,primer capítulo del Segundo Festivalde Mortadelo y Filemón (Estudios Vara, 1970). A nivel cronológico, corresponde al primer episodio, realizado en 1966, en el cual es el propio repórter el encargado de presentar a los personajes más famosos de los tebeos de Bruguera. Ya vimos en el artículo de Doña urraca cuál fue el desenlace…

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Tribulete en el segundo festival de Mortadelo y Filemón, junto a otros personajes de Bruguera.
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