Poster de This Bed We Made

[Análisis] This Bed We Made me convirtió en una mucama entrometida, y no me arrepiento

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Tiempo de lectura: 8 minutos
Portada de This Bed We Made
Fecha de lanzamiento
01/11/2023
Desarrollador
Lowbirth Games
Género
Aventura gráfica, Misterio
Plataformas
PC, Xbox Series, PlayStation 4/5
Nuestra puntuación
8.5

Nunca pensé que iba a disfrutar tanto haciendo camas virtuales, pero acá estoy, todavía pensando en Sophie Roy después de haber terminado This Bed We Made. El juego de Lowbirth Games, un estudio de Montreal, arranca de una manera bastante desconcertante: en una comisaría, con un policía interrogando a Sophie sobre algo que todavía no sabemos qué es. De ahí saltamos una semana atrás, al comienzo de su turno como mucama del Hotel Clarington, y ese pequeño truco narrativo, tan simple como efectivo, alcanza para dejar flotando una pregunta que te acompaña durante las siguientes cinco o seis horas: ¿qué hizo esta chica para terminar ahí adentro?

Una mucama con la curiosidad como oficio no declarado

Sophie es una empleada eficiente del quinto piso del Clarington, un hotel elegante de Montreal en pleno 1958, pero tiene un defecto bastante particular para su puesto: es incapaz de resistirse a curiosear entre las pertenencias de los huéspedes. Esa costumbre, que en cualquier trabajo real la habría dejado despedida en cuestión de días, es justamente el motor de todo el juego. Todo se dispara cuando, revisando la habitación 505, Sophie encuentra unas fotografías reveladas en el baño, que alguien usó como cuarto oscuro improvisado. Las fotos son de ella misma, husmeando entre las cosas de otro huésped. Alguien la estuvo vigilando, y decidió que quería que ella lo supiera.

A partir de ese momento, lo que podría haber sido una anécdota incómoda se convierte en una investigación que se extiende por todo el piso, conectando entre sí a un grupo de huéspedes que, a simple vista, no parecían tener nada que ver entre ellos. La gracia de This Bed We Made está en cómo va revelando esas conexiones sin apurarse: cada habitación esconde su propio fragmento de historia, y a medida que Sophie va acumulando pistas, la sensación de estar armando un rompecabezas mucho más grande de lo que aparentaba en un principio se vuelve central. No es exactamente un misterio de asesinato al estilo clásico, aunque coquetea con esos códigos; es más bien un entramado de secretos personales, infidelidades, tensiones familiares y decisiones del pasado que terminan explicando por qué Sophie terminó en esa sala de interrogatorio con la que arranca todo.

Limpiar habitaciones nunca fue tan sospechoso

En el plano jugable, This Bed We Made combina dos capas que se retroalimentan todo el tiempo: las tareas cotidianas de mucama, como vaciar cestos de basura, tender camas o limpiar baños, y el verdadero corazón del juego, que es meter las narices en cada cajón, valija y bolsillo que Sophie tiene a mano. Los objetos se pueden rotar e inspeccionar en 360 grados, y muchos de ellos esconden pequeños acertijos: notas cifradas, combinaciones escondidas, objetos que hay que combinar entre sí para desbloquear alguna información. Ninguno de estos puzles es especialmente complicado si uno presta atención al entorno, pero la variedad de formatos que van apareciendo mantiene el ritmo bastante fresco durante toda la partida, sin caer nunca en la repetición.

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Para no perderse entre tantos hilos sueltos, Sophie cuenta con un diario personal que va registrando automáticamente cada pista encontrada, junto con un resumen del trasfondo de cada personaje y un pantallazo general de en qué punto está la investigación. Es una herramienta que se agradece muchísimo, sobre todo porque el juego no tiene miedo de dejarte avanzar sin resolver del todo cada misterio secundario: si uno se apura demasiado o no investiga lo suficiente, la historia sigue su curso igual, con menos respuestas de las que a uno le hubiera gustado tener. Esa decisión de diseño, de no sostenerte la mano todo el tiempo, es parte de lo que hace que la investigación se sienta genuinamente propia en lugar de una simple sucesión de objetivos marcados en pantalla.

Beth o Andrew: la elección que cambia todo lo demás

Uno de los primeros grandes momentos de decisión del juego es elegir con quién de sus dos compañeros de trabajo Sophie va a compartir sus descubrimientos: Beth, la recepcionista extrovertida y chismosa que disfruta genuinamente del contacto con la gente, o Andrew, el empleado más reservado y hogareño del lobby, apasionado por la lectura. Esa elección no es cosmética: determina buena parte de los diálogos disponibles durante el resto de la partida, y abre la puerta a desarrollar un vínculo cada vez más cercano con quien uno elija, incluyendo la posibilidad de una relación romántica si se cultiva con cuidado. Ambos personajes están escritos con bastante más profundidad de la que uno esperaría de un rol secundario: ninguno de los dos se define únicamente por no encajar en los moldes rígidos de la sociedad de la época, aunque esa tensión con lo «normal» esté siempre latente en sus historias personales.

El sistema de decisiones se extiende más allá de esta elección inicial. Cada conversación con Sophie tiene múltiples respuestas posibles, y el grado en que se resuelven los distintos misterios secundarios, sumado a cuánto se explora cada rincón del hotel, termina definiendo cuál de los nueve finales distintos del juego se desbloquea. Es un nivel de variabilidad poco habitual para una aventura narrativa de esta duración, y le da a This Bed We Made una rejugabilidad genuina para quien quiera ver hasta dónde puede llegar la historia según las decisiones que tome.

Montreal, 1958: una época que no se disfraza de postal

Algo que valoro de This Bed We Made es que no usa la ambientación de los años 50 como un simple decorado nostálgico. El Montreal que retrata el juego es una sociedad con reglas muy estrictas sobre qué se considera un comportamiento «normal», y varias de las historias que Sophie va descubriendo en las distintas habitaciones tocan de lleno esas tensiones: relaciones que debían mantenerse en secreto, prejuicios raciales y de género, y las consecuencias reales que tenía en esa época no encajar en el molde esperado. El juego lo trata con un tono sobrio, sin golpes bajos innecesarios ni intención de escandalizar, más preocupado por generar reflexión que por remarcar lo obvio, y eso lo vuelve bastante más interesante que una simple historia de misterio con vestuario de época.

Dicho esto, hay que ser honesto respecto a algunos temas que el propio juego advierte desde el inicio: aborda directamente violencia doméstica, discriminación, problemas de salud mental, e incluso menciones a homicidios, así que no es una experiencia liviana de principio a fin, aunque nunca se sienta gratuita en su forma de presentarlos.

[Análisis] This Bed We Made me convirtió en una mucama entrometida, y no me arrepiento

Una historia que se queda pegada, con algunos tropiezos técnicos

Si tengo que ponerle algún pero a This Bed We Made, tiene que ver más con la ejecución técnica que con la escritura. Las animaciones de los personajes, sobre todo en los gestos más cotidianos, se sienten bastante rígidas, y aunque las actuaciones de voz de Sophie y Beth son genuinamente sólidas, algunos personajes secundarios quedan bastante por debajo de ese nivel, lo que se nota todavía más en las escenas donde comparten diálogo con las protagonistas principales. El manejo de Sophie con teclado tampoco es el más cómodo que probé en el género, aunque termina siendo un detalle menor frente a todo lo demás. De todas maneras yo, como siempre, terminé usando un gamepad.

Más allá de esos tropiezos, This Bed We Made logra algo que pocas aventuras narrativas de este tamaño consiguen: que uno termine la partida y siga pensando en los personajes días después, preguntándose qué hubiera pasado si hubiera elegido distinto en tal o cual conversación. Como experiencia de misterio íntimo, con un elenco de personajes escrito con cariño y un contexto histórico que aporta bastante más de lo que promete en un primer vistazo, es de esas propuestas pequeñas que terminan dejando una huella bastante más grande de lo esperado.

Poster de This Bed We Made
[Análisis] This Bed We Made me convirtió en una mucama entrometida, y no me arrepiento
🥳 Lo mejor
Su contexto histórico bien logrado y el desarrollo de los personajes, incluyendo los secundarios
La historia en general
Sus múltiples finales sumado a su duración lo hacen ideal para rejugarlo
😕 A mejorar
El control es un poco tosco, podría mejorarse
Las animaciones resultan algo rígidas, un poco fuera de tono comparando con otras producciones actuales
8.5

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