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Hay juegos pequeños que uno agarra pensando que van a durar una tarde tranquila y terminan quedándose bastante más tiempo en la cabeza de lo esperado. Finding Polka, la ópera prima del desarrollador japonés Shinnosuke Kumazawa bajo el sello lidlocks, con PARCO GAMES como editora, es exactamente ese tipo de sorpresa: una aventura breve, sin una sola línea de diálogo, que arranca como un simple juego de buscar a un perrito perdido y termina revelando capas bastante más interesantes de lo que su portada tierna deja entrever.
Una casualidad en la puerta de una florería
La premisa no podría ser más sencilla en apariencia: Frendy vive una vida tranquila junto a su perra salchicha Jazz, hasta que un día, frente a una florería, cree ver a Polka, el perro de su infancia. Sin pensarlo demasiado, Frendy y Jazz salen corriendo detrás de este bulldog francés que parece sacado directamente de sus recuerdos, arrancando así un recorrido por distintos rincones de un mundo bastante más grande de lo que uno esperaría de un juego de esta escala. A medida que avanza la búsqueda, queda cada vez más claro que conseguir a Polka no va a ser tan simple como perseguirlo por una calle: aparentemente, no somos los únicos interesados en dar con este perro tan particular, y esa pequeña vuelta de tuerca es la que empieza a inyectarle bastante más intriga a lo que en un principio parecía una excursión sin sobresaltos.
Un mundo entero dibujado con bolígrafo
Lo primero que llama la atención de Finding Polka, y probablemente lo que más se queda grabado después de jugarlo, es su apartado visual. Todo el juego está dibujado a mano con líneas de bolígrafo, con esos trazos ligeramente imperfectos y esos pequeños detalles garabateados que le dan a cada escenario una textura genuinamente artesanal, como si uno estuviera recorriendo un cuaderno de dibujo gigante hecho realidad. La mayor parte del recorrido se mantiene en un monocromo cálido, pero de tanto en tanto el juego se permite estallar en instantes casi psicodélicos, donde las formas y los colores invaden la pantalla sin previo aviso, generando un contraste que sorprende cada vez que aparece. Ese estilo tan particular no pasó desapercibido: el juego se llevó el premio a la Excelencia Visual en BitSummit Punch además de una distinción en la categoría de arte general en el BIC 2026, y jugándolo de punta a punta queda clarísimo por qué.
Explorar, saludar y hacer amigos sin necesidad de palabras
En términos jugables, Finding Polka se mueve dentro del molde del walking simulator con toques de exploración y de objetos ocultos: hay que recorrer distintos biomas, desde la ciudad hasta bosques y zonas costeras, prestando atención a cada rincón del escenario para encontrar pistas, personajes y secretos. La particularidad más marcada es que el juego se anima a contar absolutamente todo sin una sola palabra de diálogo: los personajes se comunican a través de gestos, expresiones y efectos de sonido, y sorprende lo poco que se pierde en esa traducción silenciosa. Cuando uno se encuentra con alguno de los personajes únicos repartidos por el mapa, la forma de generar un vínculo con ellos es directamente chocarles los cinco, algo que los convierte en aliados que después ayudan y alientan a Frendy en su búsqueda.
A eso se suman una buena cantidad de minijuegos completamente opcionales desperdigados por el mapa, como minigolf, un tragamonedas de golpear topos, un desafío de fútbol, carreras de botes o partir sandías, ninguno de ellos necesario para avanzar en la historia pero todos disponibles para quien quiera estirar un poco más la experiencia. Ninguno de estos desafíos, ni tampoco los puzles principales de la aventura, apunta a poner a prueba las habilidades del jugador: la dificultad nunca es el objetivo acá, y quien busque un desafío genuino probablemente va a sentir que algunos tramos del recorrido se estiran un poco más de lo necesario para lo simples que terminan siendo sus resoluciones.
Más cozy game de lo que aparenta, y con algo de corazón escondido
Finding Polka va alternando su tono sin que se note la costura: hay tramos genuinamente relajantes, otros cargados de humor liviano, y de repente algún que otro momento que roza lo inquietante o lo emotivo de una manera que no esperaba encontrar en un juego con esta estética tan tierna. Esa disposición a moverse entre registros tan distintos, sin perder nunca la calidez de fondo, es probablemente lo que hace que la búsqueda de Polka termine sintiéndose como algo más profundo que un simple paseo con final feliz garantizado.
Es cierto que se trata de una experiencia corta, pensada para completarse en pocas horas, y que ni sus acertijos ni sus minijuegos van a desafiar a nadie. Pero para quien busque algo tranquilo, lindo de ver y con una honestidad emocional que se nota en cada trazo de bolígrafo, Finding Polka es de esas pequeñas sorpresas indies que vale la pena no dejar pasar.


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