[Análisis] Nuclear Throne: Un roguelike de disparos que te retrotraerá a los 80

Fecha de lanzamiento
05/05/2015
Desarrollador
Vlambeer
Género
Shooter cenital (shoot 'em up), acción, roguelike
Plataformas
PC, PS4, Xbox One, Switch
Nuestra puntuación
8.5

Hubo una época en la que los videojuegos eran inmisericordes con el jugador. El grado de dificultad de aquellos vetustos títulos era tal que bastaba con un error para que todo lo conseguido se fuese al traste; la pantalla game over, tan temida y odiada por la generación de los 80 y 90, era la representación gráfica de que todo lo logrado hasta ese punto no había valido para nada, pues no quedaba más remedio que rehacer toda la maldita partida desde cero.  

Las razones de esto eran varias. Una de ellas era que, dadas las limitaciones técnicas en tanto a extensión y número de niveles, la duración del juego se sustentaba principalmente en su dificultad endemoniada. En segundo lugar, en una época donde las máquinas tragaperras tenían gran peso, la frustración del jugador (y la esperanza de tener más suerte en la siguiente partida) era el aceite que mantenía engrasada la maquinaria de la introducción de monedas.  El resultado fue un sistema que, según algunos estudios, llego a condicionar la estructura neuronal de toda una generación en conductas como la concentración, la memoria o la tolerancia a la frustración.

Esto, en todo caso, cambiaría en las décadas siguientes. Por una serie de cuestiones (formatos distintos, menos tiempo para partidas largas, querer llegar a públicos más amplios, etc.), los nuevos títulos se fueron haciendo más y más indulgentes con los usuarios. Hoy en día, eso sí, existen algunos ejemplos de juegos que tratan de volver a los orígenes de la industria. Entre ellos, Nuclear Throne, el cual analizaré a continuación.

Despuñes del lento y engorroso revolvólver obtendremos otras armas de balas con cadencia de fuego mucho mayor.

La simplicidad técnica hecha juego

Nuclear Throne es un shooter estilo roguelike muy sencillo a nivel técnico. Tanto, que fue desarrollado en la plataforma GameMaker por las cinco personas que, allá por 2015, componían Vlambeer. Por lo tanto, no hay grandes alardes técnicos. Los gráficos son al más puro pixel art de la vieja escuela, con sprites en dos dimensiones que no se combinan con otros elementos más avanzados. Para lograr una jugabilidad de apariencia tridimensional, pues, recurren a la clásica perspectiva cenital propia de los títulos más clásicos ya vistos en juegos de disparos cenitales como el clásico Ikari Warriors o las versiones de PC Engine y NES de Die Hard, que estaban lejos de llegar a emular la tridimensionalidad de PC.

El planteamiento es igual de simple: controlamos a una serie de criaturas que han de vérselas contra hordas de monstruos de otras especies dentro de un mundo postapocalíptico y decadente, donde tan sólo quedan rastros de la extinta civilización humana. El objetivo es sentarse en el Trono Nuclear para dominar al resto de especies mutantes. Para ello manejaremos un revolver con un número limitado de balas. Por supuesto, conforme avancemos en el juego iremos ampliando nuestro arsenal con armas más mortíferas y la munición más variada, donde me detendré más adelante.

En las fases subterráneas de transición la visibilidad no es la mejor.

Nuclear Throne tampoco destaca por su gran número de fases. Las áreas normales son nada más que cuatro, divididas en tres fases cada una. Entre ellas hay una de transición que tienen en común su escasa visibilidad, haciendo un total de tres.  Eso sí, también existen siete fases secretas (a las cuales se accede del modo más críptico posible, a imagen y semejanza de los juegos clásicos) y dos especiales.

Su simplicidad llega a tan punto que ni siquiera tiene modo online. Únicamente podremos jugar en modo multijugador local, lo cual nos retrotrae a los viejos tiempos en los que era el único modo de jugar con otras personas.

Por lo demás, este juego cumple en el apartado sonoro, con un abanico de explosiones, disparos, golpes y voces de personajes llenas de personalidad, además de una banda sonora que, sin ser extremadamente variada, es adecuada a cada escenario.

Esta fase secreta, con tortugas y cajas de pizza, es todo un guiño a las Tortugas Ninja. Ni idea de cómo llegué aquí.

Mutaciones y todo un arsenal para afrontar una dificultad infernal

Todo lo que Nuclear Throne tiene de sencillo lo tiene de difícil. Como sucedía con los clásicos, lo que podría resolverse en un rato con continuaciones infinitas se vuelve toda una odisea debido, precisamente, a la falta de continuaciones. Cada vez que muramos, el juego nos devolverá invariablemente al área 1-1. Y eso es algo que sucederá muy, pero que muy a menudo.

Cuando subamos de nivel, podremos elegir entre cuatro mutaciones con sus respectivas ventajas.

Como es habitual, la dificultad del juego sigue una curva ascendente. Comenzamos con fases con pocos enemigos de limitada peligrosidad y pocas trampas, para poco a poco ir incrementándose en nivel de exigencia. Cuando queramos darnos cuenta, estamos rodeados de enemigos de distintas formas, tamaños y habilidades, todos ellos deseosos por mandarnos al otro barrio, además de elementos explosivos que pueden matarnos de un golpe si tenemos la mala suerte de hacerlos explosionar, así como lanzallamas en ciertas fases. ¡Incluso podremos morir por nuestras propias armas, si no tenemos cuidado con algunas de ellas! Además, en la fase tres de cada área deberemos vernos las caras con un jefe final, cada cual más letal que el anterior.

El incremento de la dificultad irá acompañado de mutaciones, es decir, de ventajas que obtendremos al subir de nivel (lo cual se logra al obtener fragmentos de uranio al matar enemigos, al abrir cofres o en recipientes). Estas pueden ser mayor capacidad de nuestra barra de vida, más salud al obtener botiquines, que los enemigos sean lanzados más lejos al morir, que las explosiones no nos afecten al tener poca vida, mayor rebote de los cartuchos contra las paredes, más alcance de armas cuerpo a cuerpo y un largo etcétera.

Si tenemos la suerte de adquirir la correspondiente mutación, las armas cuerpo tendrán un rango bastante amplio.

Además, contaremos con un arsenal muy amplio, compuestos de armas de balas, de cartuchos, de pernos (desde flechas a discos que pueden matarnos si nos dan), explosivas (como el lanzagranadas), de energía (láser o plasma, entre otros) y cuerpo a cuerpo, las cuales serán cada vez más poderosas conforme avancemos en la aventura.

Los controles, eso sí, son muy fluidos. En la versión de PC (que es la que he jugado) puede utilizarse mando y ratón, pero no tuve ningún problema con mi viejo mando de Xbox.

Estos biconos ambulantes me fulminaron con su láser al segundo de llegar al mundo 4-1 por primera vez. Ni me enteré de lo que estaba pasando.

Cuando un juego abusa del factor azar

El problema del sistema de Nuclear Throne es que, como buen roguelike que es, depende en exceso del azar. Un juego puede ser difícil, pero dominarlo está en la mano del jugador; puede memorizar patrones, recordar el diseño de niveles y elaborar estrategias. Que un jugador no llegue más lejos depende enteramente de su pericia. Ahora bien, cuando todo depende de lo que el juego quiera, aquél queda vendido y la frontera entre un juego difícil y uno injusto se difumina.

Que te estalle en la cara un coche detonado por el mismo portal que te iba a llevar al siguiente nivel, una vez eliminados todos los enemigos, es una de las muertes más injustas que tiene este juego.

Por supuesto, este juego está pensando al más puro estilo de la vieja escuela. No sabremos cómo se comportan los enemigos hasta que los hayamos visto en acción y a menudo eso supone morder el polvo a manos de éstos (hay hasta falsos cofres, hechos claramente con toda la mala idea del mundo). A su vez, eso nos llevará a rejugar una y otra vez fases que tenemos más dominadas, lo que hará que controlemos al dedillo todo lo que aparece en pantalla.

Por desgracia, muchas cosas escapan a nuestro control. En el modo normal, los escenarios son generados de forma procedural (el único detalle verdaderamente nuevo del juego, que lo distingue de sus homólogos ochenteros y noventeros). Esto tiene la ventaja de que cada partida se siente única y diferente a las anteriores, pero, a cambio, hace que las tácticas pierdan sentido, pues los caminos, recovecos y distribución de enemigos son del todo imprevisibles.

El rayo láser permite ahorrar munición si apuntamos bien, pues alcanza a varios enemigos al mismo tiempo.

Además, tanto las balas como los botiquines que dejan los enemigos también dependen mucho de la suerte, y lo mismo sucede con las armas de los cofres rojos. Por lo tanto, puede haber una sequía de ítems que nos ponga las cosas demasiado complicadas, o que nunca lleguemos a obtener un arma que nos sería clave para determinados jefes finales. Y lo mismo sucede con las mutaciones, pues nunca sabremos cuáles tendremos entre las cuatro opciones a elegir cada vez.

Esa aleatoriedad puede notarse en la curva de dificultad. Ocasionalmente, los primeros niveles serán más complicados de lo que deberían, con enemigos bastante más poderosos que el resto, dando como resultado un juego descompensado en tales momentos.

A veces el juego añadirá enemigos demasiado poderosos que normalmente no aparecen.

Experiencias de combate extremadamente variadas

En todo caso, lo que sí han logrado los desarrolladores de Nuclear Throne es que cada partida ofrezca una experiencia diferente. Esto no sólo se debe a los elementos aleatorios ya mencionados, sino al plantel de personajes a elegir y de sus tres modos de juego.

Por lo que respecta a los personajes, tendremos un total de doce a elegir, aunque varios de ellos serán muy difíciles de obtener, ya sea porque se desbloquean en las crípticas fases secretas, venciendo al jefe final o alcanzando el bucle de niveles tras vencer a dicho jefe (yo lo máximo que he logrado es alcanzar la fase 7-1 con más de veinte horas de juego a mis espaldas, imaginad). De este modo, de inicio sólo habrá dos disponibles (que pronto serán tres, pues uno de ellos se logra tras nuestra primera muerte). Otros tres serán relativamente fáciles de lograr, mientras que otro de ellos lo obtendremos cuando lo derrotemos en una de sus apariciones aleatorias.

A día de hoy hay doce personajes a elegir. Requeire sudar sangre desbloquear los que me quedan.

No voy a enumerar todos los personajes con sus ventajas e inconvenientes, pero sí poner algunos ejemplos de sus habilidades. Uno de ellos (Crystal), por ejemplo, repele proyectiles. Otro (Plant) ralentiza a los enemigos con sus enredaderas, al tiempo que es más veloz que el resto, lo cual nos dará alguna posibilidad más de eludir los ataques cuando los enemigos sean muchos y muy rápidos. Cierto personaje (Robot) obtendrá vida o municiones gracias a comerse las armas, lo que aliviará algo la dictadura del azar. Incluso habrá uno (Horror) que genere sus propios proyectiles a base de la radicación que obtenemos para subir de nivel, al tiempo que desbloqueará una mutación adicional. Y si lo que queréis es complicaros la vida en un juego que es ya de por sí extremadamente difícil y frustrante, podremos elegir a un personaje (Melting) que sólo cuenta con dos puntos de vida, lo cual equivale a muerte automática al primer golpe.

Como mencioné, Nuclear Throne cuenta con tres modos de juego. Además del imprevisible modo normal, tenemos el modo diario y el semanal. En ambos casos, los escenarios no serán aleatorios (ni tampoco las mutaciones a elegir al subir de nivel), sino con un diseño concreto y, al morir, apareceremos en un ranking en función de lo lejos que hayamos llegado y nuestro desempeño durante el proceso. Como su propio nombre indica, éstos irán cambiando cuando transcurra su respectivo tiempo. Además del factor temporal, sus diferencias estriban en que en el modo semanal podremos jugar las veces que queramos, mientras que en el diario nos obliga a esperar hasta el siguiente. No sólo eso, sino que en el modo semanal nos impondrán un personaje concreto y normas especiales que condicionarán enormemente nuestra partida.

Los ataques radiactivos de Horror son rápidos y letales, pero su medidor es el mismo que el que nos permite subir de nivel.

En el modo semanal se agradece poder llegar a conocer en profundidad los escenarios con la suficiente práctica, pero no todo el monte es orégano. Hay una alternancia entre escenarios dentro de una misma fase, y algunos parecen diseñados aposta para que perdamos por falta de munición, salvo si tenemos la surte (de nuevo la dichosa suerte) de contar con un arma cuerpo a cuerpo.

En este semanal contaba con un arma ridículamente poderosa desde el principio, pero a cambio los cofres me dañaban.

Un título al alcance de unos pocos jugadores hardcore

Como hemos visto, Nuclear Throne es un shooter cenital estilo pixel art que, en esencia, trae al siglo XXI mucho de lo que volvió míticos a aquellos títulos de los 80 y principios de los 90. Sus fases relativamente escasas son compensadas con una dificultad endiablada que hará que muramos más veces de las que podamos contar. Su gran variedad de armas, las distintas cualidades de sus doce personajes y las condiciones variables de los escenarios (incluyendo de los modos que no tienen generación procedural) harán que cada partida sea un mundo. El juego incluye, además, secretos tan crípticos como aquellos que sólo podían conocerse a través de guías (en este caso, recomiendo la Wiki de Nuclear Throne).

Por desgracia, el hecho de que haya variables que el jugador no pueda controlar (y lo injusto e incluso descompensado que puede ser en ocasiones) seguramente no sólo sirva para disuadir a los jugadores menos avezados, sino hasta a los más chapados a la antigua que no vean con buenos ojos el estilo aleatorio de un roguelike como este. Al mismo tiempo, que no cuente con un multijugador online también puede ser un importante punto en contra para aquellos habituados a los MMO o, al menos, al juego online.

Lo que sí está claro es que, si eres de los que no se arredran por esas pocas pegas, Nuclear Throne es un juego de una altísima calidad en lo que plantea que disfrutarás mucho, aunque sea con cierto placer masoquista.

Más nos vale que nos toque un arma cuerpo a cuerpo para repeler los proyectiles de este jefe. En especial, si no tenemos donde escondernos.

Nuclear Throne está disponible en PC a través d eplataformas como Steam y Epic Store, También puede jugarse en consolas, en cocnreto, en PlayStation 4, Xbox One y Nintendo Switch.

[Análisis] Nuclear Throne: Un roguelike de disparos que te retrotraerá a los 80
🥳 Lo mejor
Experiencias únicas en cada partida
Desafiante y con secretos para jugadores hardcore
Controles bien pulidos
Modos de juegos puntualmente actualizados
😕 A mejorar
Dependencia extrema del azar
Algunos niveles mal calibrados
No tiene modo online
8.5