Imagina por un momento que eres un tejedor de magia en un mundo donde cada roca, árbol y criatura puede convertirse en tu arma. Donde congelar un lago entero para cruzar o incendiar un bosque para arrasar enemigos no solo es posible, sino que es la esencia de la aventura. Así comienza Eternal Strands, un viaje que me me tuvo pegado a la pantalla durante horas, maravillado por su capacidad para transformar el caos en coreografía.
El primer encuentro con Brynn, la protagonista, es como abrir un libro de hechizos antiguo: al principio, todo parece familiar —un héroe, una tierra olvidada, una misión— pero pronto descubres que las reglas aquí las pones tú. Con una Mantle que canaliza energías mágicas llamadas Strands, cada combate se convierte en un ballet de elementos. ¿Que hay un grupo de enemigos acercándose? Weaver’s Grasp me permite arrancar un árbol y lanzarlo como un proyectil. ¿Un jefe gigante escupe fuego? Congelo el suelo bajo sus pies para hacerlo resbalar y estrellarse contra unas rocas explosivas. La física es tu aliada y, a veces, tu peor enemiga: ¡cuántas veces incendié sin querer el pasto donde estaba parado!
Pero no todo es destrucción. La exploración en Eternal Strands es una delicia para los curiosos. El Velio, esa cúpula mágica que protege la capital, es un parque de atracciones repleto de secretos. Escalar paredes cubiertas de hiedra, deslizarme por glaciares o columpiarme entre lianas mientras evito nubes de miasma tóxico me recuerda a esos días perdidos en Breath of the Wild, pero con un giro propio. Cada zona tiene su personalidad: bosques que arden con el menor chispazo, cavernas de hielo que se derriten bajo llamaradas, y ruinas antiguas donde la magia residual altera las leyes de la gravedad.
Ahora hablemos de los Grandes Enemigos, esos colosos que dominan el paisaje como dioses caprichosos. Luchar contra un dragón de escarcha que surca los cielos no es solo cuestión de esquivar y atacar: hay que escalar sus alas, romper sus armaduras heladas y aprovechar cada Strand que has dominado. La primera vez que derroté al Fénix de las Brasas, un ave que resurge de sus cenizas, sentí esa euforia que solo dan los juegos que te retan a pensar en tres dimensiones. Y lo mejor: cada victoria te otorga poderes nuevos. ¿Derrotar a una bestia de lava te da control sobre el fuego? ¡Claro! ¿Y si la vuelves a enfrentar para mejorar ese poder? Ahí entra el loop adictivo de Monster Hunter, cazando criaturas una y otra vez para perfeccionar tu arsenal.
Pero no todo es perfección. Brynn es un personaje un tanto plano, y los diálogos —aunque bien actuados— a veces se sienten como relleno entre misión y misión. Las tareas de «recoge 10 flores de hielo» o «derrota 5 espíritus del bosque» pueden cansar, pero se redimen cuando decides improvisar: ¿por qué no congelar el lago entero para recolectar las flores más rápido? ¿O incendiar el bosque para atraer a los enemigos de una vez? La magia, al final, es la gran estrella.
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El apartado técnico es otro acierto. El estilo artístico, con sus colores vibrantes y diseños de personajes que parecen sacados de un anime clásico, hace que cada pantalla sea un cuadro vivo. Los efectos de partículas —llamas crepitantes, ventiscas que nublan la vista— son espectaculares sin ralentizar el juego, incluso en PC modestos. Y la banda sonora de Austin Wintory (conocido por Journey) eleva cada encuentro épico con coros majestuosos y ritmos que laten al compás de tu corazón.
¿Los contras? El combate cuerpo a cuerpo se siente rígido comparado con la fluidez de la magia. Y aunque el sistema de progresión de equipo —crafting armaduras con resistencias elementales— es divertido, requiere farmear recursos de manera repetitiva hasta el hartazgo. Además, la historia principal, aunque tiene momentos emotivos, no logra enganchar como las subtramas de los compañeros Weavers.
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Pero en el balance final, Eternal Strands brilla por su audacia. Es un juego que no teme soltarte las riendas y decir: «aquí tienes fuego, hielo y caos. ¿Qué vas a hacer hoy?». Cada sesión se siente única, ya sea por un combo de habilidades que descubres por accidente o por ese atardecer pixelado que te detienes a admirar mientras planeas tu próxima incursión.
Si buscas un RPG que premie la creatividad, con momentos de «¡¿en serio puedo hacer ESO?!», este es tu juego. Sí, tiene imperfecciones, pero como ese primer dibujo que guardas con cariño, Eternal Strands atrapa por su corazón y su ambición. Y con su llegada a Game Pass, no hay excusa para no probarlo: está disponible ademas en Steam, Epic, y PlayStation 5. Después de todo, ¿cuándo fue la última vez que volaste sobre un dragón mientras le partías las alas con una espada de hielo? Exacto.
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