
Rebuscando entre los saldos de tiendas de cómics, vi un tomo con el cual ya me había cruzado tiempo atrás, “La Polilla” de Steve Rude, un tomo publicado por Azake ediciones, el cual superó sin problemas mi rápido análisis (número de páginas, precio, temática y ver si en la última viñeta ponía “FIN”).
Una vez en casa empecé a leerlo y me llevé una grata sorpresa, ya que el tomo incluía un prólogo escrito por su guionista Gary Martin, el cual nos cuenta el curioso origen del personaje y cómo sus historias habían llegado a crearse casi de casualidad. Al parecer, Steve Rude dibujó a “La Polilla” (The Moth) para una colección de cartas coleccionables de héroes, y Martin quedó impactado por ese personaje, hasta el punto de ponerse en contacto con Rude para preguntarle si había algo publicado del mismo.
Steve Rude por aquel entonces trabajaba en Marvel (encargándose de personajes como Thor o el Capitán América) de manera que no disponía de tiempo para hacer otro tipo de historias. Gary Martin nunca perdió la esperanza e incluso escribió un pequeño guion para La Polilla, un cómic que, aparentemente, jamás iba a existir. El tiempo pasó y Rude obtuvo un tiempo para trabajar en algo sencillo, con libertad creativa que rara vez tendrás cuando usas personajes creados décadas atrás y que otorgan millones en beneficios a la empresa a la cual pertenecen, de manera que se juntó con Martin para crear algunas historias cortas de La Polilla, que fueron publicadas a partir de 2003 por Dark Horse.
El tomo que tenía en mis manos, no solo era un recopilatorio de historias de la Polilla, también explicaba su origen y el trabajo que tuvieron que hacer para impulsar el proyecto (con bastantes fotos de los creadores recorriendo tiendas de cómics para promocionarlo, y hasta incluye un relato escrito con algunos bocetos en la parte final del mismo. Estaba contento con mi compra hasta que, rebuscando en internet, vi que se había publicado también un segundo tomo, que afortunadamente también conseguí con cierta facilidad y a muy buen precio.
Con los dos tomos en mi poder, me pareció un buen momento para leer de una sentada las aventuras de La Polilla y, de paso, compartir aquí mis opiniones.

En ese clima de libertad creativa y con la única guía de inventarse algo interesante, sin tener que preocuparse por cosas como continuidad con otros personajes o planes a largo plazo, Gary Martin decidió que era mejor pensar en algo que fuesedivertido y con personajes secundarios que llamasen la atención que crear algo que buscase un realismo increíble, de manera que podemos decir que, en cierto modo, La Polilla tiene un estilo cercano a los cómics de muchas décadas atrás. Casi diría que a medio camino entre la edad de oro y la de plata de los superhéroes.
La Polilla se nos presenta como un cazarrecompensas, con la habilidad de planear (se supone que gracias a su traje), gran destreza en combate y mucha resistencia al castigo físico. Su primer acto heroico es derrotar al jefe de una banda de moteros y cobrar la recompensa, lo cual lo sitúa lejos del altruismo habitual en los héroes disfrazados.

Ese dinero va a parar al hogar de nuestro héroe, cuya identidad real es Jack Mahoney, un acróbata de circo, que convive con los típicos fenómenos de feria a los cuales iremos conociendo poco a poco (y que, en mi opinión, muestran el saber hacer del guionista, pues lo poco que aparecen dejan cierta huella). Ahí conoceremos al jefe del circo Víctor (que en cierto modo parece una figura paterna para todos), a Sophia, una atractiva mujer barbuda (que parece ser el interés romántico de Jack o, al menos, una persona muy cercana que no duda en decirle las cosas claras a nuestro héroe), al forzudo Melvin (con el cual Jack tiene cierta rivalidad en el campo físico), los payasos Cosmo y Emit (que disfrutan fastidiando a Jack) o Tad (el hermano de Jack, que sufre de enanismo y al parecer tampoco está totalmente desarrollado en cuanto a madurez mental). Este último es clave para Jack, pues nacieron siendo siameses, y al parecer, todo lo bueno quedó en Jack, dejando a Tad con lo mínimo, lo cual hace que nuestro protagonista sienta culpa y sobreproteja a su hermano, además de costearle todos los tratamientos.
Jack Mahoney es un personaje bastante clásico en el género de superhéroes (alto, fuerte, guapo, mañoso, capaz de proezas físicas increíbles), de manera que no me resultó demasiado llamativo, pero al mezclarlo con sus compañeros circenses creo que mejora notablemente, ya que lo equilibran en el factor humano todo lo posible.
La historia continúa con traficantes que tienen un enorme león, traído desde lo más recóndito de África, el cual anda suelto y no deja de cobrarse vidas. Como es lógico, las autoridades piden ayuda al circo para rastrear al animal, por su experiencia con ese tipo de animales. Víctor irá en su ayuda, al negarse Jack pues nuestro héroe no siente precisamente simpatía por la policía debido a sucesos del pasado (que nos explicarán más adelante).

El león no resulta ser lo que todos pensaban y es aquí cuando el cómic despega de nuevo y se conecta con esas historias fantasiosas de décadas atrás y, sinceramente, me gusta que sea así. Me gusta que no se justifique, que recurra a mitos y que recupere personajes terciarios que han aparecido en apenas un par de viñetas para dar apoyo en el momento crítico, el cual se resuelve de una manera ajena a los hechos de nuestro héroe, quien sobrevive pero queda maltrecho.
Tras eso, veremos una breve historia de La Polilla en la cual es contratado por un mafioso local, al cual engaña para sacar el máximo beneficio (algo relativamente habitual en este particular superhéroe).

El segundo tomo agranda el particular mundo de La Polilla, presentando nuevos personajes, entre los que se encuentran más cazarrecompensas y mafiosos, así como una heroína, Libertad Americana, la hija de un antiguo piloto y héroe americano que heredó su “deber patriótico” y ahora se dedica a publicitar productos y aparecer en cómics para satisfacer a sus fans, entre los que se encuentra Tad, el hermano de Jack.
Libertad Americana salvará a la Polilla al enfrentarse a un grupo de delincuentes (ahora cazarrecompensas) que se la tenían jurada a nuestro héroe. La llegada de la popular heroína al circo provocará furor entre los asistentes, algo que Jack Agradece, pues debido a acontecimientos sucedidos en el tomo anterior, el negocio no está funcionando bien, lo cual ha provocado que Jack se arriesgue más de lo necesario como La Polilla.

Libertad Americana es retratada como un personaje corporativo, con todo lo que ello conlleva. No solo tiene muchísimo dinero y fama, sino que también tiene que tratar con algún que otro indeseable por conveniencia, lo cual me hace recordar a los superhéroes a partir de finales de los 80 y los 90, logrando así un contraste notable con la Polilla que mayormente recuerda un héroe de décadas anteriores.
Libertad Americana tendrá cierto desarrollo y será el centro de este segundo tomo, donde La Polilla aprenderá que la única manera de salir adelante en una guerra entre mafiosos, con secuestros y un montón de delincuentes que se la tienen jurada, es ser más inteligente que ellos, para lo cual necesitará la inestimable ayuda de su familia, los compañeros del circo.
El final del segundo tomo cierra la historia de Libertad Americana y también arregla en cierto modo el estado del circo, con un final humorístico bastante divertido y que podría ser típico de una película de los 80.

La Polilla es un conjunto de historias cortas y mayormente nos encontramos con un cómic ligero, con acción y grandes personajes humanos. No lo voy a negar, Jack Mahoney no es un tipo especialmente interesante para mi, aunque me encanta que tenga una brújula moral dudosa, que trabaje para mafiosos al mismo tiempo que los vende (ganando así más dinero en el proceso). Añadir a Libertad Americana (quien no se si ensalza o parodia, pero perfectamente representa el cansino patriotismo estadounidense) es una jugada inteligente, pues abre la puerta a una historia más real, donde Jack y sus compañeros son parte del espectáculo, pese a que se ve introducidos en él involuntariamente.
Los compañeros del Circo son, como mencioné anteriormente, una parte muy interesante y divertida del cómic. Sus apariciones son escasas, pero dejan huella, y no hablo solo de Sophia o Melvin (los cuales cuentan con más importancia en la historia), si no también de los molestos payasos (los cuales incluso protagonizan un relato escrito al final del primer tomo), el hombre alto o el escapista. Representar a los fenómenos de circo como interesantes y competentes en campos ajenos al espectáculo me parece un gran acierto, especialmente porque son más competentes (o lógicos) que nuestro héroe, el cual no dudará en pedirles ayuda para salir airoso en campos donde él no es tan hábil.
Para terminar me gustaría comentarel apartado visual, lleno de contrastes y composiciones que varían notablemente, sobre todo en lo que se refiere a los actos de la Polilla (cuyo genial traje de colores chillones contrasta con los callejones oscuros donde hace acto de aparición). Las partes de la Polilla tienen cierto aire a cómics clásicos de Batman, mostrando a una sombra cobrar vida en el momento justo para acabar con varios delincuentes en un intercambio de puñetazos.

El circo también contrasta a nivel visual con el héroe, pues todo son colores chillones y diseños clásicos (el forzudo es calvo, con bigote y lleva un estampado de leopardo). Se ha usado al resto de personajes en momentos concretos para darle un toque divertido e inocente.
Me gusta el dibujo de Steve Rude. Sus personajes tienen una expresividad que a veces es difícil de encontrar, ya que no solo mostrarán furia y felicidad, también los veremos preocupados, dudosos y aliviados. El colorista de estas historias (Glenn Whitmore) ha hecho un buen trabajo resaltando el dibujo de Rude, quien a su vez traslada bien al papel la historia de Gary Martin.
Resumiendo, que si os gustan los superhéroes de corte clásico y las historias ligeras con personajes atípicos rodeando al héroe de turno, La Polilla es una opción muy recomendable.

