[Mundos Fantásticos] Guardianes de la Ciudadela: La humanidad, bajo el asedio de infinitas hordas de monstruos

Saga
Guardianes de la Ciudadela
Número de libros
3
Número aproximado de páginas
500 - 700
Autora
Laura Gallego
Años de publicación
2018 - 2019

El mercado de la literatura de fantasía épica está dominado por autores anglosajones. Esto no es casualidad, pues el mismo Tolkien era inglés, su mundo se inspiraba en el folclore nórdico y muchos de los que siguieron su estela compartían tanto orígenes como enfoque temático. Sin embargo, también existen obras y sagas de escritores españoles. Ya vimos en esta sección El demonio de Arbennios del youtuber Bernard Tordelló, y hoy trataremos Guardianes de la Ciudadela de Laura Gallego.

La acción comienza en un enclave sin nombre de los confines occidentales del mundo conocido. En él vive la pequeña Axlin, una niña de apenas nueve años que, como todos los de su edad, pasa parte de su tiempo (en especial, de la noche) en una cabaña situada justo en el medio. La elección del emplazamiento no es casual: es el lugar de la aldea más alejado de las empalizadas y, por lo tanto, del mundo exterior plagado de monstruos que hay más allá.

Los monstruos son una amenaza constante, pues no sólo acechan en los caminos, sino que varios de ellos burlan la empalizada para causar estragos. Por lo tanto, desde muy pequeños, los niños aprenden a temerlos y a condicionar todos sus hábitos a los de aquellas criaturas. En este enclave en concreto saben que raparse el pelo evita que los dedoslargos se los lleven durante la noche, o que los calcetines con olor a cebolla previene que los chupones les devoren los pies mientras duermen.

Axlin no sólo no es una excepción, sino que cada día siente en sus carnes el peligro que los monstruos representan. Siendo muy pequeña la sorprendió un nudoso que estuvo cerca de enterrarla viva cuando la aferró de su tobillo con sus tentáculos, que pueden pasar por raíces. Aunque lograron salvarla a tiempo, sufrió una grave lesión en la pierna de la que nunca se recuperó del todo. Desde entonces, su cojera la impidió desenvolverse como el resto de lugareños.

El mundo de Axlin es, pues, pequeño. Muy, muy pequeño. Los peligros son tales que los habitantes de su enclave no se alejan más de lo imprescindible para obtener alimentos, y sólo los buhoneros recorren los enclaves para el intercambio de bienes y personas (en este último caso, para evitar la endogamia). Como no es viable que haya minas, el metal es escaso y, además, cada vez son menos los que saben leer y escribir. Podría decirse, por lo tanto, que no están lejos de regresar a la Edad de Piedra.

Axlin, como el resto, no conocía del mundo exterior más que lo que contaban los niños que llegaban de otros enclaves traídos por los buhoneros. Sin embargo, esta exigua información le bastaría para saber que no en todos los enclaves existen los mismos monstros; en otros no demasiado alejados acechan otras criaturas, y sus habitantes los combaten usando sus propias estrategias. Ella aún no lo sabía, pero justo en aquel momento se plantó en ella una semilla de curiosidad que no dejaría de crecer.

Primer libro de la trilogía.

Su condición de tullida la dio una oportunidad única: ser formada por Oxis el escriba en el arte de la escritura (es el único de la aldea que posee ese conocimiento). Con el paso de los años, y una vez fallecido su maestro, se convertiría en la escriba de la aldea (una ocupación cada vez menos valorada), hasta que encontró su propósito: escribir un bestiario que recogiese todo lo que se sabía sobre los puntos débiles de los monstruos. Pero para ello debería abandonar su hogar…

Guardianes de la Ciudadela me ha sorprendido muy gratamente. Su trasfondo es inquietante y hasta cierto punto terrorífico y nos pone alerta, en especial al en la primera mitad del primer libro, sabiendo que los personajes corren peligro constante. Esto parece romperse en parte cuando conoce a Xein, pero dará lugar a una faceta más aventurera, sociológica y de suspense que también atrapa, pues las nuevas revelaciones de la trama está bien dosificadas.

El mundo que nos plantea es coherente con lo que propone. Los humanos de los enclaves occidentales sólo piensan en la supervivencia más inmediata: comer, reproducirse y posponer su muerte. Eso hace que sus comunidades sean bastante igualitarias y cohesionadas (por ejemplo, la cría de los hijos es común). En cambio, en la Ciudadela hay más desigualdades sociales y afloran los conflictos entre humanos. En ese sentido, el choque cultural que experimenta Axlin me parece muy bien conseguido.

Como he dicho, hay un antes y un después cuando Axlin conoce a Xein, un muchacho de ojos dorados que tiene dotes sobrehumanas para detectar y luchar contra los monstruos. Cuando llegué a esa parte pensé “oh, no, comienza el romance adolescente”, pero ahí empieza una nueva etapa en la que Laura Gallego logra que sintamos angustia por lo que será obligado a pasar el pobre muchacho. Los sentimientos románticos están casi siempre allí de un modo u otro, sí, pero el romance no es el eje de la trama.

Segundo libro.

Que Axlin tenga cojera me parece interesante, y no por dogmas de “diversidad”, sino porque me parece original y me hizo preguntarme cómo se las apañaría en un mundo donde luchar por la supervivencia es obligatorio. Por otro lado, a nivel de personajes secundarios agradezco muchísimo que no haya sesgos maniqueos tan presentes en las historias anglosajonas de los últimos años (por ejemplo, en Lengua de dragones ningún hombre blanco heterosexual es trigo limpio, salvo el padre de Bivian).

Guaridanes de la Ciudadela es una trilogía compuesta de El bestiario de Axlin, El secreto de Xein y La misión de Rox. Ya he explicado la estructura de la primera parte. La segunda es la transición entre el planteamiento y el desenlace que introduce detalles clave para la trama envueltos de misterio, algo que continuará el la tercera hasta el desenlace final. Todos ellos son bloques monolíticos sin partes separadas, en los que el foco pasará de un personaje a otro.

A nivel puramente literario, la obra está escrita en tercera persona y tiempo pasado. Su prosa es ligera, con no demasiada elaboración, descripciones más o menos parcas, algunas frases hechas y fórmulas recurrentes y simples (por ejemplo: “su corazón se detuvo por unos instantes”). Debo destacar el proceso de Axlin hasta llegar a ser la escriba de la aldea. En unas pocas líneas logra plasmar de forma minimalista y efectiva, lo fundamental del salto temporal a través de sus propios trazos.

Guardianes de la Ciudadela se ha convertido, sin lugar a dudas, en mi obra de fantasía juvenil más o menos reciente favorita. Su mundo plagado de monstruos me recuerda a la Saga de Geralt de Rivia, pero con monstruos completamente propios, y la sensación de decadencia y amenaza me supo a Metro 2033, aunque con un tono y temática diferente. Se trata de una obra profundamente humanista sin llegar a ser ingenua que capta nuestro interés de principio a fin.

La trilogía es publicada por la editorial Montena en una atractiva (que no recargada) presentación en tapa dura con su propio estuche, en caso de hacerse con los tres a la vez.

Tercer libro.