
The Ghost Station (2023), conocida también como Oksu Station Ghost o Ogsuyeog gwisin, es una película de horror coreana dirigida por Jeong Yong-ki que adapta el popular webtoon de Horang. La historia sigue a una reportera de un sitio de noticias sensacionalistas que, presionada por su jefa para encontrar una historia viral, investiga una serie de suicidios y accidentes inexplicables en la estación de Oksu, en Seúl. Lo que comienza como una investigación rutinaria se convierte en algo mucho más oscuro cuando descubre conexiones con un pasado oculto del lugar. La cinta combina el terror sobrenatural con elementos de drama familiar y crítica social, ambientada en un entorno urbano cotidiano que se vuelve opresivo y amenazante.
La Investigación que Despierta la Maldición
La trama arranca con Kim Na-yeong, una periodista que lucha por mantener su empleo después de un error profesional. Su amigo Woo-won, que trabaja en la estación de Oksu, le cuenta sobre un incidente reciente: un hombre se suicida arrojándose a las vías y varios empleados presencian visiones extrañas de niños. Na-yeong ve en esto la oportunidad perfecta para salvar su puesto y comienza a indagar. Visita la estación de noche, entrevista a testigos y revisa grabaciones de seguridad que muestran detalles inquietantes, como figuras infantiles que aparecen y desaparecen en las plataformas.
A medida que avanza, la investigación revela un patrón de accidentes y muertes que parecen conectados. Los afectados repiten números de cuatro dígitos y muestran marcas de uñas en la piel, como si algo los hubiera arañado desde dentro. Na-yeong y Woo-won, junto con otros compañeros de la estación, se ven cada vez más involucrados. La estación, un lugar transitado por miles de personas a diario, se transforma en un espacio siniestro donde las luces parpadean sin razón, los trenes pasan sin detenerse y las sombras parecen cobrar vida en los rincones oscuros.
La primera mitad de la película se centra en esta escalada lenta pero constante. Na-yeong recopila testimonios de familias de las víctimas, consulta archivos históricos y descubre que la estación se construyó sobre un terreno con un pasado oscuro. Las escenas en el metro son especialmente efectivas: el eco de pasos solitarios, el silencio roto por anuncios repetitivos y la sensación de que alguien observa desde las vías. La relación entre Na-yeong y Woo-won añade tensión emocional, ya que el miedo los une pero también genera conflictos cuando las visiones se vuelven personales. La película usa el entorno real de Oksu Station para crear autenticidad, haciendo que el horror se sienta cercano y posible en cualquier estación de Seúl.

El Pasado Enterrado y las Referencias Culturales
A medida que profundizan, la investigación lleva a un pozo abandonado oculto cerca de la estación, vinculado a un orfanato que existió décadas atrás. Allí, niños sin nombre —solo números— sufrieron abusos terribles y fueron olvidados por la sociedad. La maldición de esos espíritus vengativos se manifiesta a través de los empleados y pasajeros, como un recordatorio de que los crímenes del pasado no desaparecen con el tiempo. La película incorpora elementos del folclor coreano y japonés, como los yūrei o espíritus resentidos que buscan justicia, y la práctica histórica de ubasute, donde ancianos o niños eran abandonados en lugares remotos durante épocas de crisis.
Oksu Station existe en la vida real y ha generado leyendas urbanas sobre fantasmas, especialmente después de accidentes en sus vías. Jeong Yong-ki usa esto para anclar el terror en algo tangible, contrastando la modernidad del metro con el peso de la historia reprimida. La cinta critica también la obsesión mediática por el sensacionalismo: Na-yeong, al principio motivada por clics y vistas, termina enfrentando el costo humano de desenterrar verdades dolorosas. El ritmo es pausado, priorizando la atmósfera sobre sustos fáciles, aunque algunos momentos de jumpscares y marcas en la piel recuerdan clásicos del J-horror como The Ring.
La recepción ha sido mixta. Muchos espectadores disfrutan la atmósfera inquietante en la estación y las actuaciones sólidas, especialmente de Kim Bo-ra como Na-yeong, que transmite desesperación y determinación. Sin embargo, otros la encuentran formulaica y derivativa de películas como The Ring, con un desarrollo predecible y un final que algunos consideran abrupto o poco satisfactorio. En festivales como FrightFest recibió elogios por su ambientación, pero fuera de Corea se considera un horror convencional que entretiene sin innovar demasiado, y coincido con esto último.

El Estilo de Jeong Yong-ki y su Impacto
Jeong Yong-ki, conocido por sus trabajos en efectos especiales, dirige con un enfoque en la claustrofobia del metro, usando planos cerrados y sonido ambiental para generar tensión constante. La película evita el gore excesivo y se centra en la sugestión, aunque algunas escenas de visiones infantiles logran ser perturbadoras. Su duración corta, alrededor de 80 minutos, mantiene el ritmo, pero deja sensaciones de que podría haber explorado más el trasfondo del orfanato.
En resumen, The Ghost Station es un sólido ejemplo de horror coreano que aprovecha leyendas urbanas locales para crear un relato efectivo sobre culpa colectiva y olvido. No reinventa el género, pero cumple con creces si buscas una noche de tensión en un entorno familiar. Su mayor logro es hacer que una estación de metro cotidiana parezca el lugar más aterrador del mundo.

Curiosidades sobre The Ghost Station
- Está basada en el webtoon Oksu Station Ghost de Horang, que se volvió viral por sus leyendas urbanas sobre la estación real.
- Oksu Station existe en Seúl y ha generado rumores de fantasmas durante años, especialmente después de accidentes en sus vías.
- El orfanato ficticio del film se inspira en prácticas históricas coreanas de abandono de niños durante épocas de pobreza.
- Jeong Yong-ki incorporó elementos de J-horror como espíritus vengativos y objetos malditos para conectar con el público internacional.
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