Sostener una cámara Polaroid temblorosa en la penumbra de un ático polvoriento, con solo el ronroneo de un gato como compañía, es la premisa que define The 18th Attic. Desarrollado y publicado por el solitario Steelkrill Studio, este título aterrizó en PC el 23 de enero de 2026 vía Steam, Epic y GOG, trayendo un horror psicológico inspirado en Fatal Frame y la paranoia observacional de The Exit 8. Me vi arrastrado a sus pisos interminables, escudriñando cada sombra por diferencias sutiles que podrían ser mortales, y aunque la fórmula genera momentos de puro nervio, el entorno confinado empieza a pesar tras unos loops.
La trama: Memorias fragmentadas en un loop claustrofóbico
Controlas a James, un hombre atrapado en un ático que se repite en bucles ascendentes, donde cada piso parece idéntico pero esconde alteraciones paranormales ligadas a su pasado. La historia emerge de fotos que capturan anomalías: cada imagen revelada desbloquea un recuerdo, tejiendo un relato de romance truncado con Emily y presencias que distorsionan la realidad. Conversaciones lejanas y objetos fuera de lugar –una silla movida, un vestido nupcial ausente– van armando el puzzle sin interrupciones, culminando en un cierre que une lo personal con lo sobrenatural.
Lo que resalta es cómo el lore se integra al gameplay: no hay cinemáticas; las anomalías narran solas, fomentando una progresión natural que recompensa la atención. Aunque algunos la ven genérica, su despliegue sutil genera empatía con James, convirtiendo el ascenso en una catarsis emocional.
Jugabilidad: Observación paranoica con recursos escasos
El núcleo es cazar anomalías con una cámara instantánea de film limitado: escaneas habitaciones iluminando rincones con un encendedor, detectas cambios (sombras errantes, figuras espectrales) y disparas. Una foto exitosa elimina la amenaza y desbloquea memorias, permitiendo subir al siguiente piso vía escalera. Fallar drena salud (las anomalías te atacan al subir) o cordura (distorsiones visuales), restaurable acariciando al gato personalizable — un toque divertido que alivia la tensión.
Dos modos diferencian la experiencia: Story, relajado para aprender patrones, y Chase, con una entidad perseguidora que acelera el drenaje de cordura y añade anomalías exclusivas. El loop obliga a la repetición estratégica: no todos los pisos tienen anomalías, y las sutiles exigen paciencia, con trucos perceptivos como movimientos rápidos o ilusiones ópticas. La gestión de cartuchos genera riesgo –gastar en falsos positivos te deja vulnerable–, y los checkpoints evitan la rabia extrema si fallas.
Sin embargo, la detección imprecisa de fotos y los errores al hacer recargas frustran, además de que el diseño repetitivo puede cansar en sesiones largas, haciendo ideales partidas de 1-1,5 horas como máximo.





Gráficos y atmósfera: Un ático realista que ahoga
El entorno realista –porcelana brillante, desorden acumulado– crea claustrofobia palpable, con iluminación dinámica que oculta amenazas en sombras. Detalles como partículas de polvo o reflejos sutiles potencian la paranoia, aunque el espacio chico acelera el hastío visual. Básicamente, estarás viendo lo mismo una y otra vez, con sutiles cambios, pero el mismo escenario.
La atmósfera brilla en su minimalismo: loops que cambian mínimamente y generan duda constante, y la persecución en el modo Chase eleva el pulso sin abusar de sobresaltos.
Opinión personal: Tensión compacta con potencial sin explotar
The 18th Attic convence en su nicho de caza de anomalías por la integración cámara-memoria y el gato como ancla emocional, logrando sustos genuinos y una historia que cala pese a su simplicidad. Para ser un solo dev, el pulido impresiona, pero al resultar tan repetitivo, pierde fluidez, limitándolo a fans del subgénero. Queda como una experiencia breve efectiva, pero pide más variedad para brillar plenamente.





Conclusión: Sube al ático si la paranoia te atrae
The 18th Attic encaja perfecto para noches rápidas de horror observacional en PC. Si disfrutas cazando diferencias en escenarios realistas y una repetición con diferencias estilo espacios liminales, atrévete; si prefieres variedad, déjalo pasar. ¡Cuéntame si el gato te salvó la cordura!















